Merz y Macron reactivan el eje franco-alemán: ¿un nuevo motor para una Europa más fuerte?

Con la creación de un Consejo de Defensa y Seguridad común y una renovada visión de soberanía europea, ambos líderes apuestan por un “renacimiento” estratégico en un momento decisivo para la Unión Europea.
El primer ministro de Alemania, Friedrich Merz, y el presidente de Francia, Emmanuel Macron. / Palacio del Elíseo
El primer ministro de Alemania, Friedrich Merz, y el presidente de Francia, Emmanuel Macron. / Palacio del Elíseo

La imagen del presidente francés, Emmanuel Macron, y su homólogo alemán, Friedrich Merz, frente a las cámaras en el Palacio del Elíseo tras su primera reunión oficial no fue solo un gesto protocolario; fue una declaración de intenciones para el público. Ambos líderes, conscientes del desgaste del eje franco-alemán durante el mandato del socialdemócrata Olaf Scholz, se propusieron relanzar la cooperación bilateral bajo una consigna poderosa: “un renacimiento franco-alemán para Europa”.

No se trata de un eslogan vacío. La coyuntura geopolítica —marcada por la guerra en Ucrania, la incertidumbre ante el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca y la presión económica de China— exige una respuesta europea firme. Y esa firmeza, tradicionalmente, se construye desde Berlín y París.

El nuevo canciller alemán, que asume el cargo tras una investidura accidentada y una primera votación fallida en el Bundestag, no tardó en marcar su territorio político. En su primer viaje al exterior —como dicta la tradición— eligió París, confirmando así la centralidad de Francia en su agenda. Su objetivo es claro: proyectar una Europa más unida, soberana y capaz de actuar con autonomía, especialmente en materia de defensa y seguridad.

En ese sentido, uno de los anuncios más relevantes tras el encuentro fue la creación de un Consejo de Defensa y Seguridad común entre Francia y Alemania. Según Macron, este órgano se reunirá regularmente para coordinar respuestas estratégicas frente a amenazas compartidas, con un programa conjunto de innovación tecnológica en defensa. En otras palabras: París y Berlín quieren ser capaces de diseñar “la guerra del mañana”, no solo adaptarse a ella. La medida, aún en fase de desarrollo, tiene un fuerte contenido simbólico y práctico. Sella un compromiso de largo plazo en un terreno históricamente sensible y fracturado: la autonomía militar europea.

Este paso responde, también, al creciente escepticismo hacia la protección estadounidense. Mientras Washington gira su atención hacia el Indo-Pacífico, los europeos —especialmente Francia— temen quedar desprotegidos en caso de una escalada rusa o una retirada estadounidense del paraguas OTAN. Merz, si bien prudente respecto a la disuasión nuclear, abrió la puerta a debatir la extensión del escudo francés y británico como complemento al amparo estadounidense. Un cambio de tono respecto a Scholz, que solía evitar este tipo de debates estratégicos.

El mensaje que ambos líderes enviaron es claro: Europa debe poder valerse por sí misma. Y esa autosuficiencia no es solo militar. Merz y Macron abordaron también cuestiones económicas cruciales, como la necesidad de nuevos acuerdos de libre comercio, el estancamiento del pacto con Mercosur y la urgencia de impulsar la competitividad europea frente a potencias como China y EE UU. Francia, tradicionalmente más proteccionista, se muestra reacia a firmar sin condiciones el acuerdo UE-Mercosur, mientras que Alemania presiona por avanzar. Este será uno de los puntos de fricción que el renovado eje deberá sortear.

La sintonía personal entre Merz y Macron puede jugar un papel clave. Ambos provienen del mundo financiero, se entienden en lenguaje económico y han tenido relaciones complejas con sus propios partidos. Merz, declarado francófilo, ha cultivado desde antes de su elección una relación fluida con Macron, que ahora rinde frutos. La duración inusualmente larga de sus encuentros privados —algunos de más de tres horas— revela una voluntad política que va más allá de la diplomacia formal.

Sin embargo, este relanzamiento no está exento de desafíos. Merz llega al poder con una coalición fragmentada, en la que persisten sectores muy vinculados a la relación transatlántica tradicional. Además, la  ambigüedad alemana sobre temas clave —como el envío de misiles Taurus a Kiev o la financiación conjunta de la defensa— plantea interrogantes sobre hasta dónde está dispuesto a llegar. Su rechazo a las injerencias de EE UU en la política interna alemana, tras las críticas del entorno de Trump al tratamiento legal del partido Alternativa para Alemania (AfD), muestra un liderazgo dispuesto a reclamar autonomía… pero con pies de plomo.

En definitiva, el renovado entendimiento entre Francia y Alemania ofrece una oportunidad real para reconstruir el papel de Europa en un mundo cada vez más volátil. El “renacimiento” proclamado por Merz y Macron será puesto a prueba en los próximos meses, especialmente cuando el nuevo Consejo de Defensa comience a operar. Si logran traducir las buenas intenciones en acciones concretas, podríamos estar ante una reactivación genuina del motor europeo.

Europa necesita liderazgo, cohesión y visión de futuro. La alianza Merz-Macron podría ser la chispa que devuelva a la UE la ambición estratégica que tanto le ha faltado en los últimos años. Pero eso dependerá, más que de las palabras, de la capacidad para convertir la retórica de unidad en políticas comunes y eficaces. @mundiario

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