Maduro advierte de una “guerra eterna” con EE UU y habla de brigadas internacionales de apoyo

La tensión en el Caribe alcanza su punto más alto tras el envío de un portaaviones nuclear estadounidense. Washington habla de una operación antidroga; Caracas denuncia un intento de intervención.
Ilustración de Nicolás Maduro, que intenta plantar cara a EE UU. / Mundiario
Ilustración de Nicolás Maduro, que intenta plantar cara a EE UU. / Mundiario

El presidente venezolano, Nicolás Maduro, ha vuelto a encender las alarmas diplomáticas. En un acto transmitido por la televisión estatal, acusó a Estados Unidos de “inventar una nueva guerra eterna” y anunció la creación de “brigadas de voluntarios internacionales” dispuestas a combatir en Venezuela. La declaración, en apariencia grandilocuente, llega en el momento más tenso entre Caracas y Washington desde 2019.

El detonante es el reciente despliegue militar estadounidense en el Caribe. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, confirmó este viernes el envío de un portaaviones nuclear para reforzar la operación antidroga que Washington mantiene en la región desde agosto. Venezuela considera esa presencia una provocación y sostiene que se trata, en realidad, de una maniobra para promover un cambio de régimen.

Maduro, que no ha comentado directamente el movimiento naval, sí enmarcó su discurso en la lógica de un inminente enfrentamiento. “Prometieron que nunca más se metían en una guerra y se están inventando una guerra que nosotros vamos a evitar. ¿Con qué? Con la movilización de los pueblos de América del Sur”, afirmó. Según dijo, su Gobierno ya ha recibido propuestas de adhesión “de América Latina, el Caribe, Asia y África”.

Las “Brigadas Internacionalistas Simón Bolívar”, como las llamó, evocan un pasado de solidaridad revolucionaria, pero también una retórica que busca proyectar fuerza en medio del aislamiento. Caracas no ha dado detalles sobre la magnitud ni la composición de estos voluntarios, y ni CNN ni otros medios internacionales han obtenido respuesta oficial del Gobierno venezolano.

Una frontera simbólica

El contexto ayuda a explicar el tono desafiante. Desde que Washington reactivó las sanciones petroleras y aumentó la presión sobre las Fuerzas Armadas venezolanas, Maduro ha intentado reforzar su discurso soberanista con una mezcla de nacionalismo y épica antiimperialista. En 2020 fue el despliegue de bombarderos; ahora, el portaaviones. Cada episodio reaviva un relato que el chavismo ha convertido en su principal capital político interno.

Pero más allá de los gestos, la relación entre Caracas y Washington atraviesa una fase ambigua. Estados Unidos mantiene su política de sanciones, aunque ha reanudado contactos discretos con el entorno de Maduro por motivos energéticos. Venezuela, por su parte, intenta equilibrar su retórica antiestadounidense con gestos de pragmatismo hacia Europa y hacia los mediadores latinoamericanos que impulsan un nuevo diálogo político.

La escalada en el Caribe pone en juego algo más que la seguridad regional: mide hasta qué punto ambos gobiernos están dispuestos a convertir la tensión militar en una herramienta de presión política. La presencia de un portaaviones estadounidense cerca de las costas venezolanas no equivale necesariamente a una amenaza de invasión, pero sí marca una frontera simbólica.

Maduro, que dice contar con “5.000 misiles antiaéreos rusos Igla-S en montañas, pueblos y ciudades”, explota ese discurso de resistencia como parte de su estrategia de supervivencia. Le sirve tanto para cohesionar apoyos internos como para enviar el mensaje de que, pese al aislamiento, no está solo.

El riesgo es que esa narrativa termine retroalimentando la tensión. Washington insiste en que su despliegue busca frenar el narcotráfico, pero los precedentes y la desconfianza acumulada hacen que pocos en Caracas lo interpreten así. La historia de la región enseña que cuando la retórica sustituye a la diplomacia, los malentendidos pueden escalar rápidamente.

En última instancia, la “guerra eterna” que teme Maduro no es solo una metáfora: es el riesgo de perpetuar un enfrentamiento que, lejos de resolver los problemas de Venezuela, los convierte en una pieza más del tablero geopolítico. Entre el músculo militar de Estados Unidos y la propaganda de resistencia del chavismo, América Latina vuelve a ser escenario de un viejo conflicto: el que enfrenta el poder con la soberanía, y la política con el sentido común. @mundiario

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