Kast retira el apoyo a Bachelet para la ONU: el reposicionamiento internacional de Chile
La decisión del presidente José Antonio Kast de retirar el apoyo de Chile a la candidatura de la exmandataria Michelle Bachelet para liderar la Organización de las Naciones Unidas es, en esencia, un movimiento de reposicionamiento político que avanza el nuevo cálculo internacional y la redefinición del papel de Chile en el nuevo equilibrio global.
La medida llega apenas semanas después del relevo en La Moneda, cerrando de facto una de las principales apuestas exteriores del Gobierno saliente de Gabriel Boric. Y lo hace bajo un argumento que, aunque presentado como técnico, es profundamente político por la supuesta inviabilidad de la candidatura en este nuevo escenario internacional fragmentado.
El Ejecutivo de Kast sostiene que la dispersión de apoyos en América Latina y las diferencias con actores clave hacen inviable el éxito de Bachelet. En la práctica, reconoce que la candidatura nunca logró consolidar un bloque regional sólido ni garantizar el respaldo de las grandes potencias, un factor decisivo en cualquier elección dentro de la ONU.
La propia arquitectura del sistema internacional juega en contra. El peso de países como EE UU o China en este tipo de decisiones convierte cualquier aspiración en una partida geopolítica de alto nivel, donde los vetos implícitos son tan determinantes como los apoyos explícitos. En ese contexto, la figura de Bachelet —con amplia trayectoria internacional, pero también con posicionamientos claros en derechos humanos— no lograba generar consenso suficiente.
América Latina, otra vez dividida
Sin embargo, reducir la decisión a una simple evaluación de viabilidad sería incompleto. El momento elegido por el Gobierno también alude a la política interna. El anuncio coincide con un contexto delicado para el recién estrenado Ejecutivo, marcado por el impacto económico del alza de los combustibles debido a la guerra en Oriente Próximo y el consiguiente desgaste social. En este escenario, retirar el respaldo a una candidatura heredada permite a Kast marcar distancia con su antecesor y reforzar su propio relato de “prioridad nacional”.
Además, sectores de su coalición conservadora ya habían cuestionado la legitimidad de la nominación impulsada por Boric en la recta final de su mandato, considerándola un intento de condicionar la política exterior del nuevo Gobierno. La retirada del apoyo responde, por tanto, también a una lógica de afirmación de poder.
El episodio vuelve a evidenciar una debilidad estructural de la región, la incapacidad de articular candidaturas comunes en escenarios globales. Con la salida de Bachelet, el protagonismo recae ahora en figuras como el argentino Rafael Grossi o la costarricense Rebeca Grynspan, lo que fragmenta aún más el voto latinoamericano. Esta dispersión reduce el peso del bloque regional en una elección que, en teoría, le correspondería liderar a partir de 2027.
La falta de coordinación no es nueva, pero sí persistente. Y tiene consecuencias porque cada candidatura aislada debilita la posibilidad de que América Latina influya de forma decisiva en el sistema multilateral. @mundiario


