Hungría prometió a Rusia sacar de la lista de sancionados de la UE a la hermana de un oligarca

Una investigación periodística revela audios filtrados entre el ministro de Exteriores húngaro Péter Szijjártó y su homólogo ruso Serguéi Lavrov para influir en decisiones europeas: “siempre estoy a su servicio”.
El ministro de Exteriores de Hungría Péter Szijjártó y su homólogo ruso Serguéi Lavrov. / @FM_Szijjarto
El ministro de Exteriores de Hungría Péter Szijjártó y su homólogo ruso Serguéi Lavrov. / @FM_Szijjarto

La reciente filtración de audios que implican al Gobierno de Viktor Orbán en gestiones favorables a intereses rusos dentro de la Unión Europea vuelve a tensionar el equilibrio político del bloque. Más allá del escándalo puntual, el caso abre una cuestión estructural: hasta qué punto un Estado miembro puede actuar como interlocutor de una potencia sancionada sin erosionar los mecanismos internos de confianza comunitaria.

La investigación periodística, basada en conversaciones entre el ministro de Exteriores húngaro Péter Szijjártó y su homólogo ruso Serguéi Lavrov, apunta a una coordinación más profunda de lo que públicamente se admitía. En una de las llamadas, el dirigente húngaro detalla maniobras para promover en Bruselas la retirada de sanciones a Gulbahor Ismailova, vinculada al círculo del oligarca Alisher Usmanov, cercano a Vladímir Putin.

El contenido de los audios sugiere que Hungría no solo mantiene relaciones pragmáticas con Rusia —algo habitual en política exterior—, sino que actúa como un canal activo de influencia dentro de la UE. La promesa de “hacer todo lo posible” para sacar a Ismailova de la lista de sancionados no se limita a una posición política: implica una estrategia concreta para alterar decisiones colectivas europeas.

Este punto es clave. Las sanciones de la UE, especialmente tras la invasión de Ucrania, requieren unanimidad o amplios consensos. Por tanto, cualquier intento de modificarlas desde dentro no solo afecta a un caso individual, sino que pone a prueba la cohesión del bloque.

En este contexto, las conversaciones reveladas refuerzan una percepción ya extendida en Bruselas: Budapest no solo discrepa, sino que actúa de forma sistemática para suavizar la presión sobre Moscú.

“Junto con los eslovacos, vamos a presentar una propuesta a la Unión Europea para que se la retire de la lista. La presentaremos la semana que viene y, dado que va a comenzar el nuevo periodo de revisión, se incluirá en el orden del día y haremos todo lo posible para sacarla de la lista”, afirmó Szijjártó al poco rato de aterrizar en Budapest tras visitar San Petersburgo el 30 de agosto de 2024. 

El factor energético y la lógica de Orbán

Para entender la postura húngara, es necesario situarla en su contexto estratégico. Hungría mantiene una fuerte dependencia energética de Rusia, especialmente en petróleo y gas. Este vínculo ha llevado al Gobierno de Orbán a defender una política exterior más flexible hacia el Kremlin, incluso en momentos de máxima tensión europea.

Szijjártó lo ha expresado abiertamente: las sanciones no deben perjudicar los intereses energéticos nacionales. Esta lógica explica por qué Budapest ha intentado frenar o modificar paquetes sancionadores, incluyendo medidas contra bancos, empresas o la llamada “flota fantasma” rusa.

Desde esta perspectiva, las gestiones reveladas no serían una anomalía, sino la extensión de una política ya consolidada que afecta al conjunto de Europa. Sin embargo, lo que cambia con la filtración es el grado de coordinación directa con Moscú y el acceso compartido a deliberaciones internas de la UE.

Al final de la conversación, tras discutir otros temas como su visita a la sede de Gazprom, Szijjártó se despide de Lavrov con la frase: “Siempre estoy a su servicio”.

El audio ha sido difundido por diversas organizaciones, entre las que destacan el portal de investigación Vsquare, la polaca FRONTSTORY, Delfi Estonia, The Insider y el Centro de Periodismo de Investigación Ján Kuciak.

La reacción de Bruselas: preocupación sin ruptura

Las instituciones europeas han reaccionado con cautela. La Comisión Europea ha calificado las informaciones de “muy preocupantes”, insistiendo en el principio de “cooperación sincera” entre Estados miembros.

Sin embargo, la respuesta contenida refleja una realidad política: sancionar o confrontar abiertamente a Hungría podría agravar las divisiones internas en un momento delicado, marcado por la guerra en Ucrania y múltiples crisis geopolíticas.

Además, el calendario electoral húngaro introduce un elemento adicional de prudencia. Cualquier presión externa podría ser utilizada por Orbán para reforzar su narrativa de confrontación con Bruselas.

El episodio pone de relieve una tensión estructural dentro de la UE. Por un lado, el bloque aspira a proyectar una política exterior unificada frente a Rusia. Por otro, depende de la voluntad de sus Estados miembros, cada uno con intereses propios.

La filtración no solo cuestiona la lealtad política de Hungría, sino también la eficacia del sistema europeo para gestionar disensos internos sin comprometer decisiones estratégicas. Si un país puede influir desde dentro en favor de una potencia sancionada, el modelo de gobernanza queda expuesto.@mundiario

Comentarios