Orbán endurece su pulso con Ucrania: anuncia el corte de gas en plena campaña y agrava la crisis con la UE

El primer ministro de Hungría anuncia el cierre gradual del suministro a Kiev a semanas de las elecciones generales, una represalia por la interrupción del flujo por el oleoducto ruso de Druzhba y que ocurre después de reconociera filtraciones de la UE al Kremlim.

Viktor Orbán, primer ministro de Hungría y Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea. / Parlamento Europeo
Viktor Orbán, primer ministro de Hungría y Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea. / Parlamento Europeo

La política energética vuelve a convertirse en un arma arrojadiza de primer orden en Europa. Y en el centro de ese tablero se sitúa el primer ministro Viktor Orbán, que, a dos semanas de unas elecciones decisivas, ha decidido elevar la presión sobre Ucrania mediante el anuncio de un corte progresivo del suministro de gas desde Hungría. La medida forma parte de una estrategia en la que confluyen intereses energéticos, cálculos electorales y una posición internacional cada vez más incómoda para Bruselas.

El anuncio de Orbán llega en un momento delicado para su Gobierno. Las encuestas apuntan a que perderá por más de 20 puntos contra el partido centroderechista Tisza, del líder opositor Péter Magyar, y el primer ministro ultraconservador recurre a la fórmula de situar un enemigo externo en el centro del debate político. Si los opositores conseguirán desbancar a Orbán después de 16 años en el poder es una incógnita, pues las reformas en el sistema electoral húngaro y la distribución de circunscripciones podrían evitar que una mayoría de la formación de Magyar se materialice.

En esta ocasión, ese papel lo ocupa Ucrania y, por extensión, su presidente, Volodímir Zelenski. El conflicto energético, agravado por la paralización del oleoducto Druzhba, ofrece a Budapest un argumento para justificar medidas de presión que, en clave interna, se presentan como defensa de los intereses nacionales del Estado magiar.

Orbán vincula directamente el suministro energético con la seguridad económica del país, en un contexto marcado por la inflación y el desgaste financiero, que achaca a las consecuencias de la guerra en Ucrania. Así, el corte de gas no solo responde a una disputa bilateral, sino que se integra en un relato político dirigido al electorado húngaro.

El trasfondo: dependencia energética y guerra

La crisis actual tiene raíces profundas. Hungría depende en gran medida del suministro energético ruso, y el tránsito a través de Ucrania ha sido históricamente un elemento clave. La interrupción del flujo de petróleo por el Druzhba tras los ataques del Kremlin de enero ha tensionado aún más esta relación triangular entre Budapest, Kiev y Moscú.

Mientras Ucrania arrastra los pies para la reapertura completa de la infraestructura, Hungría responde endureciendo su postura. El resultado es una espiral de represalias que amenaza con ampliar el impacto económico del conflicto más allá del campo de batalla.

El anuncio del corte de gas se suma a otras medidas previas, como el veto húngaro al salvavidas financiero de 90.000 millones de euros a Ucrania, y refuerza la imagen de un Gobierno dispuesto a utilizar todos los instrumentos a su alcance para defender su posición.

Bruselas, entre la prudencia y la preocupación

La reacción de la Unión Europea ha sido, hasta ahora, contenida. Figuras como Ursula von der Leyen han apostado por la vía diplomática, intentando mantener abiertos los canales de diálogo tanto con Kiev como con Budapest.

Sin embargo, el contexto se ha complicado con las informaciones del diario estadounidense The Washington Post sobre filtraciones de contenido sensible del Consejo Europeo hacia Rusia. Las declaraciones del ministro de Exteriores húngaro, Péter Szijjártó, admitiendo contactos con Moscú antes y después de reuniones clave con el resto de los Veintisiete, han elevado la inquietud en Bruselas.

El problema de fondo no es energético o político, sino también de confianza. La cohesión interna de la Unión se ve cuestionada cuando uno de sus Estados miembros mantiene una interlocución privilegiada con un actor que está en conflicto abierto con Europa. @mundiario

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