Europa lucha por conseguir el compromiso de EE UU para garantizar la seguridad de Ucrania
Europa ha intensificado sus gestiones diplomáticas para asegurar un papel activo de Estados Unidos en el futuro de Ucrania. En París, una treintena de países, encabezados por Francia y Reino Unido, se reune junto al presidente Volodímir Zelenski con el objetivo de avanzar en un esquema de garantías de seguridad que permita contener a Rusia una vez concluida la guerra. Sin embargo, el compromiso de Washington sigue siendo incierto y genera inquietud entre los aliados.
La llamada “Coalición de Voluntarios” trabaja desde hace meses en un plan escalonado. El primer nivel contempla apoyo financiero, armamentístico y logístico a Kiev. El segundo incluye la posibilidad de desplegar tropas europeas en territorio ucraniano para disuadir nuevas ofensivas rusas. Y en un tercer nivel, considerado clave, se plantea la protección directa de Estados Unidos, cuya participación definiría la credibilidad de las garantías. Hasta ahora, la Administración del presidente Donald Trump ha ofrecido pocos indicios de estar dispuesta a llegar a ese punto o de clarificar su nivel de implicación.
El presidente francés, Emmanuel Macron, ha insistido en que Europa no puede permanecer pasiva frente a los incumplimientos de Vladímir Putin. “No puede quedar sin respuesta lo que consideramos una falta de compromiso del presidente ruso para sentarse a negociar con Zelenski”, advirtió, recordando la promesa incumplida de Moscú tras la cumbre de Alaska con Trump para reunirse con el mandatario ucraniano. Macron planteó además que Washington debería imponer “sanciones primarias y secundarias” a Rusia para forzarla a discutir un acuerdo.
Por su parte, el primer ministro británico, Keir Starmer, ha coincidido en que cualquier fuerza de “reaseguro” europea en Ucrania necesita del respaldo estadounidense. La coordinación transatlántica, según Londres, es esencial para que el esquema tenga credibilidad ante Moscú y para que Zelenski pueda confiar en que el alto el fuego no será aprovechado por Rusia como una simple pausa estratégica.
El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, se mostró más optimista al inicio de la reunión. Para el neerlandés, la cita de París permitirá “aclarar” la posición europea y avanzar en un compromiso colectivo. “Espero tener en poco tiempo una idea clara de lo que podemos lograr para garantizar la seguridad de Ucrania. Esto significa comprometernos aún más profundamente, junto con los estadounidenses, para ver qué desean aportar en cuanto a su participación”, subrayó desde Bruselas.
Mientras tanto, Trump ha mostrado ambivalencia. Aunque se declaró “decepcionado” con Putin y ha emitido amenazas verbales, sus intentos de presionarlo con retórica dura no han surtido efecto. En Alaska no consiguió persuadirlo para detener las hostilidades ni avanzar en negociaciones directas con Kiev. De hecho, sus propuestas de plazos para que Moscú modifique su postura han quedado sin respuesta y solo han conseguido comprarle tiempo a las tropas rusas para intentar avanzar en el campo de batalla.
El miércoles, el inquilino de la Casa Blanca confirmó que hablará en los próximos días con Zelenski para definir pasos futuros, aunque descartó por ahora una nueva conversación con Putin. “Tendré una conversación con él (Zelenski) muy pronto, y sabré lo que vamos a estar haciendo. Vamos a ver”, declaró junto al presidente polaco Karol Nawrocki. Sobre el líder ruso, se limitó a señalar: “Él sabe dónde me ubico, y tomará una decisión. Si no nos gusta, verán que pasan cosas”.
Fuentes diplomáticas europeas explicaron a Reuters que los planes técnicos de seguridad ya están terminados, aunque los detalles permanecen reservados. El objetivo inmediato es enviar una señal política a Washington: Europa está preparada para comprometerse, pero necesita garantías de que Estados Unidos no dará un paso atrás en medio del proceso.
En este escenario, la lucha europea por conseguir un compromiso firme de Washington se convierte en un factor decisivo no solo para el futuro de Ucrania, sino para la propia arquitectura de seguridad continental. Sin Washington, las promesas europeas podrían quedarse cortas frente a la capacidad de presión y agresión de Moscú. Con la Casa Blanca, en cambio, las garantías se transformarían en un escudo político y militar mucho más difícil de desafiar. @mundiario


