EE UU y Ucrania firman un “histórico acuerdo” sobre tierras raras: ¿cuáles son los términos del pacto?

El tratado, que excluye compromisos sobre la ayuda militar pasada y prioriza inversiones a futuro, otorga a Washington acceso preferente a las riquezas minerales ucranianas, esenciales para industrias clave.
Volodímir Zelenski, presidente de Ucrania, y Donald Trump, presidente electo de EE UU. / RR.SS
Volodímir Zelenski, presidente de Ucrania, y Donald Trump, presidente electo de EE UU. / RR.SS

Este miércoles, EE UU y Ucrania firmaron un acuerdo de alto valor estratégico que apunta más allá del simple intercambio económico. El tratado, que establece la creación de un Fondo de Inversión para la Reconstrucción entre Estados Unidos y Ucrania, no solo permite la inversión estadounidense en sectores clave del subsuelo ucraniano —como el aluminio, el grafito, el litio o el gas natural—, sino que también simboliza una nueva etapa en la relación entre ambos países en medio de la aún latente guerra con Rusia.

Este pacto llega tras semanas de tensas negociaciones y en un contexto geopolítico sumamente delicado. La firma había sido pospuesta a finales de febrero tras un agrio desencuentro entre el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, y su homólogo estadounidense, Donald Trump, en un intercambio acalorado en pleno Despacho Oval. Finalmente, fue necesaria la mediación personal de altos cargos, un encuentro privado durante el funeral del Papa Francisco en Roma y el empuje directo del secretario del Tesoro, Scott Bessent, para destrabar el acuerdo.

El núcleo del acuerdo establece una colaboración igualitaria durante un periodo de diez años entre ambos gobiernos. Estados Unidos tendrá acceso prioritario a proyectos de explotación de más de 20 minerales críticos en territorio ucraniano, materiales esenciales para la industria aeroespacial, la defensa, las energías limpias y la tecnología digital. Entre ellos, el titanio, el uranio, el litio, el grafito y el manganeso, todos con una fuerte demanda en los mercados internacionales.

El documento también incluye un componente financiero: la creación de un fondo conjunto alimentado por inversiones directas, donde la ayuda militar futura será considerada como parte de la contribución estadounidense. Es decir, se excluyen del cómputo las ayudas anteriores que Washington proporcionó desde el inicio de la guerra en 2022, lo cual era una de las principales exigencias de Kiev. De este modo, Ucrania logra evitar que sus recursos naturales sirvan como “pago retroactivo” por el apoyo recibido, un temor ampliamente compartido por varios gobiernos europeos.

Scott Bessent, principal negociador por parte estadounidense, fue claro al presentar el acuerdo como una señal de firmeza frente a Moscú. “Ningún estado o persona que haya financiado la maquinaria bélica rusa podrá beneficiarse de la reconstrucción de Ucrania”, declaró. Añadió que esta alianza económica es un mensaje directo a Rusia: Estados Unidos se mantiene comprometido con una paz duradera centrada en una Ucrania libre y soberana.

Por su parte, Donald Trump, que atraviesa un momento político delicado con bajos niveles de aprobación, ha utilizado la firma como prueba de su capacidad para presionar por una solución diplomática al conflicto ucraniano. Aunque durante la campaña electoral prometió lograr un acuerdo de paz “en su primer día en el cargo”, ahora parece aceptar que una solución pasa por compromisos económicos que impulsen la estabilidad del país agredido.

El trabajo diplomático de Ucrania

Ucrania, representada por la ministra de Economía Yulia Sviridenko y el primer ministro Denís Shmigal, ha sabido negociar en un escenario de fuerte presión. La aceptación del acuerdo no fue sencilla. Kiev se resistió, con razón, a ser percibido como un país obligado a ceder sus riquezas a cambio de apoyo y la promesa de seguridad. “Estamos recibiendo no solo inversiones, sino también un socio estratégico para el desarrollo económico y la innovación”, sostuvo Sviridenko. 

El Ejecutivo ucraniano ha logrado preservar su autonomía en la toma de decisiones clave, incluyendo su futura integración a la Unión Europea, aspecto que quedó expresamente fuera del pacto.

¿Cooperación o dependencia?

Aunque el acuerdo ha sido recibido con entusiasmo por parte de ambas delegaciones, no faltan las voces críticas que advierten sobre los riesgos de una dependencia económica excesiva. La centralidad de Estados Unidos en los futuros proyectos de reconstrucción podría dar pie a desequilibrios de poder si no se gestiona con transparencia. Por ello, la clave estará en cómo se regule la gobernanza del fondo, un aspecto aún en discusión.

También cabe preguntarse qué papel jugará Europa en esta etapa. Si bien Ucrania firmó en 2021 un acuerdo similar con la UE, la magnitud y el alcance del pacto con Washington podrían inclinar la balanza geoeconómica hacia el otro lado del Atlántico. Bruselas deberá mover ficha si no quiere quedar marginada en la carrera por la reconstrucción posguerra.

Más allá del valor de los minerales, este acuerdo representa un compromiso político en toda regla. La firma no solo proporciona a Ucrania una base sólida para su reconstrucción económica, sino que también consolida su alianza con Estados Unidos como un pilar de su seguridad a largo plazo. La Casa Blanca, por su parte, asegura así un espacio de influencia clave en Europa del Este y en el control de materias primas críticas.

En definitiva, el pacto entre Estados Unidos y Ucrania es tanto un movimiento económico como una jugada estratégica. Si se gestiona con equidad y visión a largo plazo, podría sentar las bases de una recuperación efectiva para un país devastado por la guerra. Pero si se convierte en un instrumento de presión unilateral, corre el riesgo de subordinar a un Estado soberano. @mundiario

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