La denuncia por violencia de género contra Fernández hunde al peronismo
La denuncia presentada por Fabiola Yáñez contra el expresidente argentino Alberto Fernández ha generado un terremoto político y social en Argentina. La exprimera dama lo acusa de haberla agredido físicamente en varias ocasiones durante su convivencia en la residencia presidencial, incluyendo episodios cuando estaba embarazada. Además, Yáñez sostiene que Fernández la somete actualmente a "terrorismo psicológico" y acoso telefónico, tras una separación que los llevó a vivir en continentes distintos: Yáñez reside en Madrid junto a su hijo de dos años, mientras que Fernández permanece en Buenos Aires.
El caso ya está en manos de la justicia, pero sus implicaciones van más allá de lo legal, afectando la imagen política de Fernández y provocando un punto de inflexión en la política argentina.
Alberto Fernández, devastado por las acusaciones, ha optado por no hacer declaraciones públicas, prefiriendo defenderse ante la justicia, donde planea explicar por qué considera que las acusaciones son falsas. La situación se agrava para Fernández, ya que enfrenta además una investigación por presunta corrupción relacionada con la contratación de seguros estatales durante su mandato. Ambas causas tienen un punto en común: los mensajes encontrados en el celular de su secretaria, María Cantero, que incluyen fotografías de Yáñez con signos visibles de agresión.
El expresidente se encuentra aislado políticamente. Ningún dirigente peronista ha salido en su defensa, ni siquiera para invocar el principio de presunción de inocencia. La falta de apoyo refleja no solo las profundas divisiones dentro del peronismo, especialmente entre Fernández y los seguidores de Cristina Kirchner, sino también la decepción que su figura ha generado en sectores sociales y feministas que en su momento lo respaldaron.
La contradicción en el peronismo
El peronismo ha sido golpeado recientemente por varios escándalos de violencia de género, y la denuncia contra Fernández es solo el último de ellos. La situación ha generado reacciones inmediatas dentro del bloque peronista Unión por la Patria, donde 39 de sus 99 diputados presentaron un proyecto de resolución expresando su "profunda preocupación" por las acusaciones de Yáñez y solicitando una investigación exhaustiva. Además, La Cámpora, la influyente agrupación dirigida por Máximo Kirchner, se solidarizó públicamente con la exprimera dama y repudió los hechos de violencia, destacando que se agravan cuando provienen de alguien que ocupó la presidencia.
Dirigentes peronistas como Mayra Mendoza, cercana a Cristina Kirchner, no dudaron en señalar que Fernández "tiene todas las características" de haber ejercido violencia de género, mientras que la joven dirigente Ofelia Fernández calificó al expresidente de "psicópata" por haber utilizado el feminismo para su propio beneficio. Estas declaraciones reflejan el impacto que ha tenido la denuncia, especialmente entre las jóvenes que lideraron las manifestaciones masivas contra la violencia machista en los últimos años.
La denuncia ha puesto en jaque la imagen de Fernández como defensor de los derechos de las mujeres, un rol que asumió durante su mandato al impulsar la legalización del aborto. Sin embargo, este escándalo ha sido aprovechado por el actual presidente ultraderechista, Javier Milei, para reforzar su campaña contra las políticas de género. Milei, quien ha visto una disminución en su apoyo popular debido a la falta de resultados económicos de calado, no tardó en atacar a Fernández y al feminismo, aludiendo al color verde que simboliza la lucha por los derechos reproductivos en Argentina.
El portavoz presidencial, Manuel Adorni, también aprovechó la oportunidad para criticar las políticas de género implementadas durante el mandato de Fernández, aunque horas después alentó a las mujeres a denunciar la violencia de género, un servicio que ha sido desmantelado durante la gestión actual.
El caso de Fabiola Yáñez contra Alberto Fernández ha abierto una profunda herida en la política argentina, exacerbando las divisiones dentro del peronismo y colocando al feminismo en el centro del debate. Mientras la justicia avanza, las implicaciones sociales y políticas de esta denuncia continúan resonando en un país que sigue luchando contra la violencia de género. La figura de Fernández, que alguna vez fue un símbolo de progreso en derechos de las mujeres, ahora enfrenta una crisis que podría tener consecuencias duraderas para él y su legado. @mundiario


