Davos como banco de pruebas: Von der Leyen y Trump buscan encauzar la paz en Ucrania
El Foro Económico Mundial (FEM) de Davos vuelve a convertirse este enero en algo más que un escaparate de debates económicos y tecnológicos. En el trasfondo de las reuniones formales e informales, la guerra de Ucrania y su posible desenlace ocupan un lugar central. La expectativa de un encuentro entre Ursula von der Leyen y Donald Trump añade una carga política especial: Europa necesita certezas sobre el papel de EE UU en una eventual arquitectura de paz.
Von der Leyen y Trump ya coincidieron en Davos en 2020, pero el contexto actual es radicalmente distinto. Tras casi cuatro años de invasión rusa, Ucrania busca garantías de que un eventual alto el fuego no derive en un conflicto congelado ni en una reanudación de la guerra. Para Bruselas y las capitales europeas, el compromiso estadounidense sigue siendo el pilar imprescindible de cualquier acuerdo creíble.
La presencia del presidente ucranio, Volodímir Zelenski, refuerza la dimensión estratégica de la cita. Kiev aspira a que Davos sirva para que Trump respalde de manera personal los compromisos discutidos en las reuniones de la Coalición de Voluntarios en París, especialmente en lo relativo a garantías de seguridad que disuadan a Moscú de nuevos ataques. Aunque los detalles de la reunión no están confirmados oficialmente, la expectativa es que el encuentro tenga lugar a mitad de semana, en paralelo a otras citas de alto nivel.
La inquietud europea no es nueva. En los últimos meses, Trump ha lanzado mensajes ambiguos sobre Ucrania, alternando gestos de apoyo con declaraciones percibidas como favorables a Moscú. De ahí que los aliados busquen cristalizar el compromiso estadounidense, ya sea mediante un respaldo explícito a las garantías de seguridad o, al menos, con la validación de un gran acuerdo económico para la reconstrucción del país invadido desde hace casi cuatro años.
Europa intenta “atar” a Washington
La Comisión Europea ha movido ficha adelantándose a posibles dudas de Washington. Bruselas ha garantizado hasta 90.000 millones de euros en financiación para Ucrania, combinando apoyo al gasto civil y a la industria de defensa, con una clara prioridad por la producción europea y ucrania. Europa está dispuesta a asumir más responsabilidad, pero necesita a EE UU como socio estratégico insustituible.
La reunión se produce además en un momento de alta tensión geopolítica para la Administración Trump. A la guerra de Ucrania se suman la crisis venezolana, la segunda fase de la frágil tregua en Gaza, las amenazas de anexión sobre Groenlandia —que han provocado un inusual endurecimiento del tono europeo— y la escalada de tensión doméstica en EE UU. En este contexto, Davos se presenta como un espacio para intentar ordenar prioridades y evitar una escalada de incertidumbre.
Von der Leyen ha optado por una estrategia de prudencia discursiva, consciente de la delicadeza del equilibrio transatlántico, cuando debe mantener abiertas todas las vías de diálogo con Washington, subrayar la importancia del papel estadounidense en la seguridad europea y, al mismo tiempo, mostrar que la UE está preparada para actuar con mayor autonomía si es necesario.
Las expectativas depositadas en Davos son altas, quizá demasiado. Incluso si Trump respalda públicamente los compromisos sobre Ucrania, quedarán por delante negociaciones complejas, incluida la reacción de Rusia y la definición concreta de los mecanismos de verificación y disuasión. Sin Estados Unidos, como admiten abiertamente fuentes europeas, el andamiaje de seguridad sería incompleto. @mundiario




