Drones no identificados ponen a prueba a Europa: Bélgica acelera medidas de seguridad en respuesta
El Gobierno belga se encuentra en estado de alerta tras más de un mes de misteriosos sobrevuelos de drones sobre infraestructuras estratégicas del país. Los aparatos han irrumpido en el espacio aéreo de bases militares, aeropuertos y hasta instalaciones con armamento nuclear, generando una crisis de seguridad inédita. Esta semana, varios aeropuertos —entre ellos el de Bruselas y el de Lieja— tuvieron que suspender operaciones temporalmente, paralizando el tráfico aéreo y evidenciando la vulnerabilidad de los sistemas de control.
La magnitud del fenómeno llevó al primer ministro a convocar una reunión de emergencia del Consejo de Seguridad Nacional, tras la cual se anunció un conjunto de medidas destinadas a fortalecer la vigilancia y coordinación entre agencias. “No podemos permitir que drones hostiles penetren nuestro territorio ni sobrevuelen nuestras bases militares”, advirtió el ministro de Defensa, Theo Francken. La orden es clara: cualquier dron sospechoso podrá ser abatido.
Aunque el Ejecutivo belga ha evitado una escalada diplomática, la situación trasciende lo nacional. El ministro Francken confirmó haber conversado con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, sobre la posibilidad de una coordinación multinacional. Por ahora, Bélgica no ha invocado el artículo 4 del Tratado Atlántico, reservado para consultas cuando un miembro se siente amenazado, pero la inquietud es compartida por varios países aliados.
Alemania ya ha ofrecido apoyo técnico inmediato en capacidades antidrones, y Países Bajos ha expresado su “pleno respaldo” a Bélgica. Otros países afectados, como Polonia y Rumanía, han desplegado sistemas Merops de detección avanzada, capaces de interceptar drones mediante inteligencia artificial incluso bajo interferencias electrónicas.
A falta de pruebas concluyentes, los servicios de inteligencia belgas sostienen que los drones “muy probablemente” proceden de Rusia. La embajada rusa en Bruselas ha negado toda implicación, pero los incidentes coinciden con un contexto de elevada fricción diplomática: la Unión Europea presiona a Bélgica para que desbloquee los activos rusos congelados en la cámara de compensación de Euroclear, con el fin de destinarlos a la defensa y el mantenimiento de Ucrania.
Analistas citados por la prensa belga apuntan que los sobrevuelos podrían tener un doble objetivo: intimidar a los responsables políticos y generar división en la opinión pública. La presencia recurrente de drones no identificados también se ha registrado en países como Dinamarca, Alemania y Noruega, que no han tardado en señalar una posible operación de reconocimiento o presión psicológica a escala continental por el apoyo a Kiev.
Europa ante una nueva frontera de amenazas
Como respuesta inmediata, Bélgica acelerará la puesta en marcha del Centro Nacional de Seguridad del Espacio Aéreo (NASC), ubicado en la base militar de Beauvechin. Este organismo, que será plenamente operativo el 1 de enero, reunirá a todas las agencias civiles y militares encargadas de la vigilancia del cielo belga.
“El NASC será nuestro primer escudo de coordinación total. Todos los servicios deberán tener una imagen global del espacio aéreo en tiempo real”, explicó Francken. El plan incluye además un registro obligatorio de drones y una inversión inicial de 50 millones de euros en tecnología de detección, identificación y neutralización.
Estos avistamientos se han convertido en una prueba de cómo los Estados europeos afrontan las amenazas híbridas que combinan espionaje, desinformación y tecnología no tripulada. La proliferación de drones —tanto civiles como potencialmente hostiles— plantea un dilema estratégico: cómo reforzar la seguridad nacional sin alterar el equilibrio diplomático o comprometer la movilidad aérea europea.
La propia Comisión Europea ha pedido reforzar los protocolos comunes de detección y defensa aérea en el continente. Los incidentes recientes demuestran que un ataque o incursión de este tipo no reconoce fronteras, y que la coordinación internacional será clave para prevenir futuras crisis.
Bélgica, sede de la OTAN y corazón político de la Unión Europea, enfrenta un momento crítico que va más allá de su territorio. Las incursiones aéreas no solo exponen las grietas en la defensa nacional, sino que ponen a prueba la solidez del sistema de seguridad europeo en su conjunto. @mundiario


