Advertencia a Siria: Israel bombardea el palacio presidencial en apoyo a la minoría drusa
Tel Aviv ha intensificado sus ataques sobre territorio sirio con el objetivo declarado de impedir la rearticulación del ejército nacional, fuerzas islamistas o facciones del régimen depuesto.
Israel ha reivindicado sin ambages el bombardeo aéreo realizado este viernes a escasos kilómetros del palacio presidencial de Damasco. La acción, en palabras del primer ministro Benjamín Netanyahu y su ministro de Defensa, Israel Katz, es un “mensaje claro” al Gobierno de transición sirio y una advertencia de que no permitirá ataques contra la comunidad drusa. Pero más allá de esta declaración, el ataque plantea interrogantes de fondo sobre los verdaderos intereses israelíes en la Siria post-Asad.
El contexto inmediato es crítico: enfrentamientos violentos entre milicias drusas y fuerzas progubernamentales han dejado más de un centenar de muertos en los últimos días. Los choques comenzaron tras la circulación en redes sociales de un audio —luego desmentido— en el que un supuesto líder druso insultaba al profeta Mahoma. La tensión escaló rápidamente y se extendió a enclaves drusos tradicionales como Yaramana, Sahnaya y su bastión Suweida. Las autoridades sirias han denunciado el bombardeo israelí como una “peligrosa escalada” que amenaza con desestabilizar aún más un país que apenas empieza a recomponerse tras 13 años de guerra civil.
Tel Aviv ha enarbolado históricamente la bandera de la protección a las minorías en Siria, especialmente los drusos, con quienes comparte vínculos culturales y territoriales —parte de esta comunidad habita en los Altos del Golán, territorio bajo administrado por Israel desde 1967. Sin embargo, la reiteración de bombardeos, la ocupación de nuevas zonas desmilitarizadas y la evacuación selectiva de heridos drusos a hospitales israelíes no solo apuntan a una preocupación humanitaria.
El respaldo israelí se produce en un momento clave: Siria atraviesa una delicada transición tras la caída del régimen de Bashar al Asad, y la configuración del nuevo Gobierno de Ahmed al Sharaa sigue en proceso. La minoría drusa, lejos de ser un grupo homogéneo y alineado, se debate entre la integración nacional y la autonomía. El apoyo israelí podría interpretarse como un intento de ganarse la lealtad de este grupo para consolidar una Siria fragmentada, débil y menos beligerante con el exterior.
Desde hace meses, Israel ha intensificado sus ataques sobre territorio sirio con el objetivo declarado de impedir la rearticulación del ejército nacional, fuerzas islamistas o facciones del régimen depuesto. Lo hizo durante la dictadura de Asad y lo mantiene con el nuevo Ejecutivo. Fuentes militares israelíes no han ocultado que su propósito es evitar cualquier amenaza futura desde el sur de Siria. A lo largo del último año, la Fuerza Aérea israelí ha destruido bases, depósitos de armamento y nudos logísticos, desactivando gran parte de la capacidad operativa del Estado sirio.
¿Un nuevo laboratorio de alianzas regionales?
La comunidad drusa podría convertirse en una bisagra geoestratégica entre Tel Aviv y Damasco. Pero no hay que olvidar que los drusos han reiterado, en múltiples ocasiones, su voluntad de formar parte de una Siria unida. El comunicado conjunto de sus líderes religiosos y políticos —en el que rechazan toda forma de secesión— demuestra que el respaldo israelí no está exento de tensiones internas dentro de esta comunidad.
Sin embargo, Israel no parece interesado en el surgimiento de una Siria cohesionada y estable. Su apuesta, en línea con intervenciones pasadas, se inclina por un mosaico étnico-religioso fragmentado, donde cada grupo —kurdos, alauíes, drusos, suníes— tenga incentivos distintos que impidan una unidad nacional robusta.
La reacción de los actores internacionales ha sido tibia. La ONU ha pedido “máxima moderación”, mientras EE UU ha condenado la violencia sectaria sin señalar directamente al Gobierno de transición. La ausencia de una posición clara frente a los ataques israelíes refuerza el margen de maniobra de Tel Aviv en suelo sirio. @mundiario


