Turquía e Israel enfrentados por Siria: un complejo tablero geopolítico de Oriente Próximo

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, ha acusado directamente a Tel Aviv de socavar la estabilidad del Estado sirio con sus recientes ataques a bases militares y con la expansión de su influencia regional.
Recep Tayyip Erdogan y Benjamín Netanyahu. / Mundiario
Recep Tayyip Erdogan y Benjamín Netanyahu. / Mundiario

La reciente escalada de tensiones entre Turquía e Israel en suelo sirio, y los esfuerzos diplomáticos para evitar un choque directo, ilustran con claridad el intrincado y cambiante tablero geopolítico en Oriente Próximo. Las ambiciones de Ankara, Tel Aviv y Damasco se cruzan en un escenario posbélico donde cada actor busca consolidar sus intereses estratégicos, mientras intenta minimizar los riesgos de un enfrentamiento abierto.

Durante el Foro Diplomático de Antalya, el presidente turco Recep Tayyip Erdogan acusó directamente a Israel de socavar la estabilidad en Siria, y denunción sus recientes ataques a bases militares sirias como un intento de frustrar la llamada “revolución del 8 de diciembre” que condujo a la caída de Bachar el Assad. La postura de Erdogan no es nueva, pero sí marca un tono más beligerante frente a un Tel Aviv que ha intensificado sus acciones militares en territorio sirio desde la salida del régimen baazista.

En este nuevo contexto, Turquía se posiciona como un aliado clave del Gobierno provisional de Ahmed al Sharaa, lo que le permitiría consolidar su influencia a través de un posible pacto de defensa conjunto. Esto incluiría el uso del espacio aéreo sirio y el establecimiento de bases militares turcas, una movida que Israel percibe como una amenaza directa a su libertad operativa en la región. No sorprende, por tanto, que Tel Aviv haya redoblado sus incursiones en Siria para destruir los sistemas de defensa aérea que considera potencialmente peligrosos si caen bajo la autoridad de Ankara.

El Gobierno del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, ha consolidado su control sobre los Altos del Golán y ampliado su presencia en esta estratégica región fronteriza. Incluso, en una señal de “normalización” de su presencia, ha comenzado a ofrecer excursiones turísticas en áreas donde sus tropas están desplegadas. Esta combinación de diplomacia agresiva y militarismo marca una estrategia de “hechos consumados” que busca condicionar el futuro diseño territorial y político de Siria, sin la aprobación de Damasco.

Turquía, por su lado, busca una Siria estable que se alinee con sus intereses de seguridad nacional, especialmente en lo que respecta al control de milicias kurdas en el norte y la prevención de una nueva ola migratoria siria. Al mismo tiempo, Ankara desea fortalecer su papel como mediador regional, equilibrando sus relaciones con actores globales como Estados Unidos y Rusia.

Erdogan ha dejado claro que su Gobierno mantiene un diálogo con el presidente Donald Trump y el líder ruso Vladímir Putin para garantizar la integridad territorial siria. Sin embargo, no deja de impulsar una influencia directa en el terreno.

La reunión entre representantes israelíes y turcos en Azerbaiyán, pocos días después de los ataques aéreos israelíes, representa un intento de establecer mecanismos de “desconflicto” entre ambos países. Según el canciller turco Hakan Fidan, ya existen contactos técnicos entre las partes, similares a los que Turquía mantiene con Estados Unidos y Rusia, para evitar choques accidentales entre sus fuerzas operativas en Siria. Aunque estos canales de comunicación son positivos, no resuelven las diferencias de fondo sobre el futuro de Siria.

Mientras tanto, el nuevo Gobierno sirio intenta consolidar su autoridad tras el fin del prolongado conflicto civil. Con el respaldo diplomático de Turquía, Damasco busca reinsertarse en la comunidad internacional. Pero las incursiones israelíes, sumadas a la presión de Irán, Estados Unidos y milicias locales, hacen que cualquier intento de estabilidad sea precario.

La situación se complica aún más por el telón de fondo de otras crisis regionales, como el conflicto en Gaza y las tensiones entre Teherán y Tel Aviv. La posibilidad de que el frente sirio se convierta en una extensión de estos conflictos es real y preocupante. @mundiario

Comentarios