¿Se repite la historia de Laxe?

Algunos no lo saben o simulan no saberlo, pero el socialista Fernando González Laxe no le arrebató, en 198
¿Se repite la historia de Laxe?
Algunos no lo saben o simulan no saberlo, pero el socialista Fernando González Laxe no le arrebató, en 1989, la presidencia a Manuel Fraga por sólo un puñado de votos. Entonces se dijo, y no sin cierto fundamento, que el PSOE de Madrid le había regalado la Xunta a Fraga por motivos tácticos y estratégicos, que, fuesen ciertos o no, la verdad dieron lugar a crisis y más crisis internas en el PP, no superadas hasta que José María Aznar --sin tutelas ni tutías-- ganó las elecciones del 96.

Una clave de aquellas elecciones fue la ausencia del entonces presidente Felipe González en la campaña electoral, cuya visita a Galicia se supone que habría arañado esos contados votos que necesitaba el PSdeG de Laxe para conservar el poder conquistado mediante una moción de censura, aliado con José Luis Barreiro. Éste también lamentó en su momento que el PSOE no hiciese ciertos apaños judiciales para evitar su personal caída en desgracia. Desde Madrid, el PSOE no trató nunca a Barreiro como un aliado, sino más bien como un apestado, mientras que desde Galicia la lealtad política de González Laxe era torpedeada por Sánchez Presedo, entonces secretario general del PSdeG.

La historia se repìte y ya no falta quien, desde su conocimiento profundo, no se pregunte si el PSOE no estará reeditando la jugada, para mantener a Fraga en Galicia, con dos objetivos: que le ayude, desde el PP, a encauzar el problema autonómico y que mantenga el pulso con los suyos en Madrid, ahora débiles por la pérdida del poder y de la gloria.

En casos así, la verdad es muy difícil de saber, pero es tal la tremenda torpeza política con la que está actuando el Gobierno del PSOE en Galicia --sin ir más lejos, con el puerto exterior de A Coruña y con el propio Plan Galicia--, que apenas cuesta echar la mirada atrás y ver los ojos tristes de Fernando González Laxe, un político serio y una buena persona, a la que Felipe González condenó injustamente al ostracismo, entre sonrisas cómplices de algunos que aún hoy se consideran socialistas.

Emilio Pérez Touriño haría bien en aclarar qué quiere el PSOE de Galicia, si es que puede hacerlo y en Madrid se lo permiten. A veces la historia no hay que repetirla.

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