La hora de las cajas gallegas
Caixa Galicia y Caixanova son dos instituciones básicas para Galicia, no solo por su dimensión financiera
Caixa Galicia y Caixanova son dos instituciones básicas para Galicia, no solo por su dimensión financiera, sino también por su capacidad para generar empleo cualificado y sus potencialidades sociales y culturales. Es lógico, por tanto, que semejantes centros de poder atraigan la atención política y surjan debates sobre si es mejor tener dos cajas de tamaño mediano compitiendo entre sí o una gran caja de la liga de campeones.
Sin solapamiento de sus oficinas, sería relativamente fácil encontrar argumentos a favor y en contra. Estando, como están ahora, duplicadas sus redes de sucursales se pone cuesta arriba justificar una fusión sin asumir muchos despidos: de entrada, sobrarían los servicios centrales de una de esas dos cajas, por mucho que Méndez y el tandem Gayoso-Pego se creyeran la ficción de que manteniendo las marcas podrían conservar las sucursales. Quiere esto decir que una caja única en Galicia pudo tener más sentido antes de la fusión de las tres cajas del sur que ahora mismo, una vez que Caixanova resultante de aquella operación ya se ha implantado en el norte de Galicia y muy en particular en el rico mercado financiero de la ciudad de A Coruña, donde se codea con Caixa Galicia, del mismo modo que ésta intenta hacer en Vigo.
A esas complicaciones, de por sí importantes, aún tendríamos que añadir otras aparentemente menores, pero decisivas a la hora de la verdad, como dónde se coloca la sede y quién manda.
Lo cierto es que el intervencionismo de Manuel Fraga dejó en paz a las cajas, que fueron yendo razonablemente bien, y que el Gobierno compartido por Touriño y Quintana tampoco quiso alterar el curso del Amazonas financiero. Sin embargo, la llegada de la crisis ha resucitado el viejo debate, de tal modo que ya nada será como antes, con independencia de quién o quiénes gobiernen en este país.
Más allá del debate interno en clave gallega, lo que ahora está en juego es si Caixa Galicia y Caixanova pueden afrontar fusiones con cajas de ahorros de otras comunidades autónomas cuyo estado de salud así lo aconseje. Es algo de lo que está hablando el Gobierno de Rodríguez Zapatero y que también pasa por los despachos del Banco de España, de manera que no habría que rasgarse las vestiduras si un día alguien nos anuncia que una gran caja gallega se fusiona con una de Castilla-León o con la de Asturias, para no ir más lejos, aunque en el terreno de las hipótesis también podríamos hacerlo.
Queda también planeando por ahí, acaso para marear la perdiz, otra opción de rango inferior pero no por ello sin club de fans.Se trataría de mantener Caixa Galicia y Caixanova independientes, fusionando sus divisiones empresariales, lo cual daría lugar a una gran CXG. Lo que está claro es que sea cual sea el futuro de las cajas se intuyen cambios de alcance, también en el quién es quién.
Sin solapamiento de sus oficinas, sería relativamente fácil encontrar argumentos a favor y en contra. Estando, como están ahora, duplicadas sus redes de sucursales se pone cuesta arriba justificar una fusión sin asumir muchos despidos: de entrada, sobrarían los servicios centrales de una de esas dos cajas, por mucho que Méndez y el tandem Gayoso-Pego se creyeran la ficción de que manteniendo las marcas podrían conservar las sucursales. Quiere esto decir que una caja única en Galicia pudo tener más sentido antes de la fusión de las tres cajas del sur que ahora mismo, una vez que Caixanova resultante de aquella operación ya se ha implantado en el norte de Galicia y muy en particular en el rico mercado financiero de la ciudad de A Coruña, donde se codea con Caixa Galicia, del mismo modo que ésta intenta hacer en Vigo.
A esas complicaciones, de por sí importantes, aún tendríamos que añadir otras aparentemente menores, pero decisivas a la hora de la verdad, como dónde se coloca la sede y quién manda.
Lo cierto es que el intervencionismo de Manuel Fraga dejó en paz a las cajas, que fueron yendo razonablemente bien, y que el Gobierno compartido por Touriño y Quintana tampoco quiso alterar el curso del Amazonas financiero. Sin embargo, la llegada de la crisis ha resucitado el viejo debate, de tal modo que ya nada será como antes, con independencia de quién o quiénes gobiernen en este país.
Más allá del debate interno en clave gallega, lo que ahora está en juego es si Caixa Galicia y Caixanova pueden afrontar fusiones con cajas de ahorros de otras comunidades autónomas cuyo estado de salud así lo aconseje. Es algo de lo que está hablando el Gobierno de Rodríguez Zapatero y que también pasa por los despachos del Banco de España, de manera que no habría que rasgarse las vestiduras si un día alguien nos anuncia que una gran caja gallega se fusiona con una de Castilla-León o con la de Asturias, para no ir más lejos, aunque en el terreno de las hipótesis también podríamos hacerlo.
Queda también planeando por ahí, acaso para marear la perdiz, otra opción de rango inferior pero no por ello sin club de fans.Se trataría de mantener Caixa Galicia y Caixanova independientes, fusionando sus divisiones empresariales, lo cual daría lugar a una gran CXG. Lo que está claro es que sea cual sea el futuro de las cajas se intuyen cambios de alcance, también en el quién es quién.