¿Por qué los esposos de las reinas no se convierten en reyes?

Alberto Sajonia-Coburgo-Gotha, Felipe de Edimburgo, Enrique de Laborde o Nicolás de Amsberg. Todos príncipes consortes, ensombrecidos por la figura de sus esposas.

Alberto Sajonia-Coburgo-Gotha, Enrique de Laborde, Felipe de Edimburgo, y  Nicolás de Amsberg, todos príncipes consortes. / RR SS.
Alberto Sajonia-Coburgo-Gotha, Enrique de Laborde, Felipe de Edimburgo, y Nicolás de Amsberg, todos príncipes consortes. / RR SS.

A lo largo de la historia hemos tenido innumerables reinas consortes en los múltiples países de Europa. Pero ¿cuántas veces los esposos de las reinas que ascienden al trono son nombrados reyes? Hay muy pocos ejemplos a lo largo de la historia, y la reciente decisión de Isabel II de hacer a Camilla de Cornualles reina consorte cuando su hijo ascienda al trono levanta de nuevo la polémica.

Isabel II estuvo casada con Felipe, duque de Edimburgo durante 74 años pero jamás pudo nombrarle ‘rey consorte’. Al máximo título al que pudo aspirar fue el de príncipe consorte, situación similar que vivió un antepasado suyo, Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha, que fue el esposo de la reina Victoria del Reino Unido.

No son los únicos ejemplos, en Dinamarca estuvo el polémico caso de Enrique de Laborde de Monpezat, quien exigió a su esposa, la reina Margarita II, nombrarlo una y otra vez rey. Lo único que consiguió fue ser nombrado conde y príncipe consorte. Esto desembocó a que pasara los últimos años de su vida en su Francia natal, dejando la Corte de su esposa y lanzando pestes sobre la monarquía. Además, como última estocada contra la reina, solicitó no ser sepultado con ella, renunció a todos sus títulos y terminó siendo víctima de un severo caso de demencia.

Mucho más diplomático fue Nicolás de Amsberg, que pasó a ser príncipe consorte una vez su esposa se convirtió en la reina Beatriz de los Países Bajos, pero siempre se enfrentó a las habladurías dentro de la Corte al ser alemán, haber formado parte de las Juventudes Hitlerianas y servir en el ejército de Alemania durante la Segunda Guerra Mundial. Su vida dentro del Palacio estuvo marcada por problemas de salud como la depresión o el Parkinson.

 

La razón de por qué los hombres no son nombrados ‘reyes consortes’ reside en el hecho de que vivimos en una sociedad machista, más en el tiempo en que todas esas mujeres se convirtieron en reinas. Era necesario legitimarse como las monarcas y nombrar a un hombre como rey, habría sido perjudicial para su autoridad como jefas de Estado.

 

Lo anterior pone en un lugar incómodo a los consortes de las reinas, quienes no tienen ningún permiso de inmiscuirse en los asuntos del Gobierno y mucho menos pueden opacar la figura de su esposa. Por tanto, su labor puede quedar reducida a la de un simple florero, cuestión que causó disputas entre algunas de las parejas que ya mencionamos.

 

El caso más colosal ha sido el de Margarita de Dinamarca y su esposo Enrique, pero Isabel II también tuvo que hacer malabares para aplacar el carácter de Felipe de Edimburgo ofreciéndole múltiples patronazgos y labores de representación dentro y fuera de su país.

El caso del príncipe Alberto, esposo de la reina y emperatriz Victoria, se distrajo encargándose de la educación de los nueve hijos que tuvo con la monarca o enfrentándose a la compra y renovaciones de los palacios de la monarquía. Con el tiempo empezó a dedicarse a las causas sociales, centrándose en la reforma educativa o en pedir el fin de la esclavitud.

 

En España esta situación quizás llegue a ser tema de debate una vez llegue el momento en que la princesa Leonor tome la jefatura del Estado. Ella será reina y de casarse, habría que ver cuál será el título que porte su esposo. @mundiario

 

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