Giorgio Armani, el modisto que vistió al deporte con elegancia eterna
El fallecimiento de Giorgio Armani no solo golpea a la moda, sino también al deporte. El diseñador entendió como pocos que un atleta, al igual que un modelo, también desfilaba, ya fuera sobre la hierba, en la pista de atletismo o en los circuitos de Fórmula 1. Con esa visión fundó EA7, la línea que vistió a la Juventus, al Napoli, a la selección italiana y a delegaciones olímpicas.
Armani nunca diseñó simples camisetas: concebía símbolos. Sus uniformes unían sobriedad, orgullo y funcionalidad, proyectando en cada detalle la misma precisión que en sus trajes de alta costura. En los Juegos Olímpicos, su sello se convirtió en emblema de la nación italiana, uniendo la estética con el espíritu competitivo.
El vínculo con el deporte fue más allá de los diseños. En 2008 adquirió el Olimpia Milano, el club más laureado del baloncesto italiano. Lo renombró con la marca Emporio Armani, lo vistió con su estilo y lo convirtió en escaparate de su visión: competir con clase, ganar con elegancia. Sus títulos fueron tan importantes como la identidad que le otorgó.
Incluso la Fórmula 1 conoció su toque. Armani diseñó la indumentaria formal para los pilotos de Ferrari, demostrando que la distinción no desaparece ni en el mundo de cronómetros y gasolina. Su mirada siempre supo encontrar espacio para la estética en territorios dominados por la fuerza y la velocidad.
Con Armani se va un hombre que entendió que la moda no era superficial, sino estructural. Supo elevar al deporte, dotarlo de una segunda piel que también comunicaba pasión, sacrificio y orgullo. El legado de Giorgio Armani seguirá corriendo, saltando y compitiendo allí donde un uniforme represente más que un color: una identidad. @mundiario


