Preocupación en Galicia ante el riesgo de que cierre Sargadelos, una empresa emblemática

Desde el BNG reclaman la intervención de la Xunta. Olalla Rodil lo ha expresado con claridad: “Sargadelos é un auténtico emblema deste país”. Dejar caer Sargadelos es permitir que una parte del alma gallega se apague.
Una imagen de Sargadelos. / Xunta de Galicia
Una imagen de Sargadelos. / Xunta de Galicia

La burocracia pone a veces en jaque a la historia. Por sorprendente que parezca, Galicia asiste a la amarga noticia del cierre inmediato de Sargadelos. Y no hablamos solo de una empresa: hablamos de un símbolo. El nombre de Sargadelos no remite simplemente a piezas de cerámica exquisitamente elaboradas, sino a una parte esencial del alma gallega, a una identidad artística y cultural que ha cruzado generaciones. Que ese símbolo se vea hoy amenazado por lo que su propietario denomina “trabas burocráticas” es, como poco, alarmante.

Segismundo García, actual responsable de la empresa, ha anunciado su decisión de cesar toda actividad. Lo ha hecho con contundencia, sin medias tintas, dirigiéndose a la plantilla y a la Inspección de Trabajo con un mensaje claro: está cansado. No económicamente —porque Sargadelos, desde que él tomó las riendas, ha conseguido reflotar su actividad y recuperar la senda del éxito comercial— sino emocional y administrativamente, desgastado por una espiral de requerimientos y sanciones que, a su juicio, no hacen sino dificultar el trabajo diario y comprometer la viabilidad de una empresa que carga con la pesada mochila de ser también Patrimonio.

La gota que colmó el vaso fue una reciente inspección con 36 deficiencias detectadas y una multa de 5.000 euros. Pero, como ha expresado el propio García en una carta formal, esto solo fue el último capítulo de una serie de exigencias que, por la naturaleza de los edificios y su condición de Bien de Interés Cultural, se convierten en obstáculos prácticamente insalvables. Las reformas requeridas implican meses —a veces años— de trámites y permisos. Mientras tanto, las exigencias administrativas no se detienen. ¿Quién puede gestionar así una empresa sin sentirse, más que empresario, una especie de gladiador en lucha permanente contra la burocracia?

El impacto es mayúsculo. Más de doscientos trabajadores se quedan en el aire entre las plantas de Cervo (Lugo) y Sada (A Coruña). Municipios enteros —y no exageramos— giran en parte alrededor de esta industria. Pero más allá del drama laboral, que ya de por sí justificaría una reacción inmediata de las instituciones, lo que está en juego es la continuidad de un proyecto que forma parte de la identidad gallega. Sargadelos no es solo una fábrica. Es el legado de Isaac Díaz Pardo y Luis Seoane, es Ediciós do Castro, es arte, es historia, es memoria viva.

Reclaman la intervención de la Xunta

Desde el BNG ya han reclamado la intervención de la Xunta. Olalla Rodil lo ha expresado con claridad: “Sargadelos é un auténtico emblema deste país”. Dejar caer Sargadelos es permitir que una parte del alma gallega se apague. El sindicato CC OO, por su parte, ha denunciado la decisión del propietario como un “ataque ao estado de dereito”, exigiendo también la actuación inmediata de las autoridades.

¿Y ahora qué? ¿Vamos a permitir que una joya del patrimonio gallego desaparezca entre expedientes, plazos y requerimientos técnicos? ¿Va a actuar la Xunta? ¿Van a tomar cartas en el asunto las autoridades culturales, laborales, económicas? Porque no se trata solo de evitar el despido de doscientos trabajadores —que ya sería urgente y esencial—, sino de proteger algo mucho más profundo: la memoria y el alma de un pueblo.

Galicia no puede mirar para otro lado. Lo que está ocurriendo con Sargadelos es un síntoma de algo mayor: una rigidez administrativa que, lejos de proteger el patrimonio, a veces lo estrangula. Es necesario revisar los mecanismos de control, sí, pero también dotar de flexibilidad y acompañamiento a proyectos empresariales que son, también, culturales. Que una empresa con beneficios, con demanda, con un legado incomparable, cierre por no poder asumir los tempos administrativos debería encender todas las alarmas.

El cierre de Sargadelos no puede ser definitivo. No debería serlo. Galicia merece que sus símbolos vivan, respiren, evolucionen. Y eso no será posible si los matamos a golpe de papel. @mundiario

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