La descentralización de Medicina encalla en la USC: un pulso académico en pleno ciclo electoral

El aplazamiento indefinido de la votación abre un nuevo escenario de negociación, marcado por tensiones internas, elecciones al rectorado y un acuerdo autonómico que, de momento, queda en suspenso.
Consello de goberno de la USC presidido por el rector, Antonio López. / Santi Alvite en usc.gal
Consello de goberno de la USC presidido por el rector, Antonio López. / Santi Alvite en usc.gal

El proceso para descentralizar el grado de Medicina entre las tres universidades públicas gallegas —pacto alcanzado este mes de noviembre por los rectores y la Xunta— ha encallado donde menos margen había para la duda: en la Universidade de Santiago. Lo ha hecho, además, en un ambiente preelectoral que condiciona inevitablemente cada gesto institucional y que explica, en parte, la prudencia exhibida por el rector, Antonio López, en la decisiva reunión del Consello de Goberno.

Todo apuntaba a un pronunciamiento nítido. La mayoría de las cinco candidatas a dirigir el Pazo de San Xerome se habían alineado ya con la Facultad de Medicina, que este lunes rechazó el acuerdo al considerar que fragmenta la titulación y compromete la calidad docente. El Consello do Estudantado se sumó a la misma posición y pidió evaluar el impacto del plan sobre la movilidad y la equidad de los alumnos. El clima, así, parecía propicio para una votación contraria al pacto.

Pero esa votación nunca llegó. El rector Antonio López anunció que el punto quedaba al margen de las votaciones y que el debate se aplazaba sine die. Un movimiento que, en la práctica, congela el acuerdo: para desplegarlo se necesita la ratificación de las tres universidades, y la compostelana ha cerrado, por ahora, la puerta. La USC sostiene en su web oficial que el Consello de Goberno valoró “positivamente” el pacto y que se abre un proceso de diálogo para incorporar las demandas esenciales de la Facultad de Medicina. La realidad, sin embargo, es que fue el rector quien decidió retirar el punto ante un rechazo creciente y explícito dentro de la comunidad universitaria.

La presencia del decano de Medicina en la reunión no fue casual. La facultad ha hecho valer su peso académico y simbólico, recordando que la descentralización del segundo ciclo —con nuevas unidades docentes en Vigo y A Coruña— exige garantías sobre recursos, coordinación clínica y equidad entre campus. Las líneas rojas expuestas por la facultad hicieron imposible el respaldo tal y como estaba redactado el texto.

Tensiones internas en la USC

Del lado de la Xunta, los conselleiros de Sanidade y de Educación defendieron el acuerdo minutos antes de que se conociera la decisión de Santiago. Ambos admitieron la existencia de tensiones internas en la USC, y Román Rodríguez llegó a señalar que una de las partes del pacto afronta “intereses contradictorios” que requieren un esfuerzo de racionalidad. Antonio Gómez Caamaño, responsable sanitario, advirtió incluso de que sería paradójico que el argumento de evitar una fragmentación de la titulación termine provocando precisamente esa fragmentación.

El episodio ha evidenciado una dificultad de fondo: cómo compatibilizar un proyecto estratégico para el sistema universitario gallego con los equilibrios internos de la institución que históricamente ha concentrado la formación médica. En A Coruña, el consello de goberno apoyó el acuerdo por unanimidad, aunque introdujo una salvaguarda que le permitiría solicitar su propio grado si el pacto se incumple. En Vigo, que aun no votó, el camino estaba despejado, pero la resistencia de Santiago podría alterar por completo esa hoja de ruta.

El rechazo inicial de la Facultad de Medicina de la USC ha actuado como catalizador de un debate más amplio sobre modelo universitario

Con el curso político y académico avanzando hacia las elecciones al rectorado, es difícil imaginar que la USC acelere tiempos. El proceso queda en manos de la Comisión de Seguimiento, donde se intentará reescribir el acuerdo para hacerlo asumible por todas las partes. No será sencillo. El rechazo inicial de la Facultad de Medicina ha actuado como catalizador de un debate más amplio sobre modelo universitario, distribución de recursos y papel de la institución compostelana en el sistema gallego.

Queda por ver si la negociación que ahora se abre es capaz de superar las líneas rojas que emergieron esta semana. La descentralización del grado de Medicina nació con aspiraciones de equilibrio territorial; hoy, sin embargo, está atrapada en un laberinto estatutario y político que obliga a todas las partes a un ejercicio de realismo. El desenlace dependerá, más que nunca, de la disposición a ceder en un asunto donde nadie puede permitirse un fracaso sin coste. @mundiario

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