La vivienda aprieta: el gasto familiar subió un 13% en cinco años

Un estudio publicado este miércoles por Fedea sostiene que la carga residencial es fuente de desigualdad social.
Viviendas. / Freepik.
Viviendas. / Freepik.

En los últimos cinco años, la vivienda ha dejado de ser solo un techo y se ha convertido en una carga que golpea directamente la economía familiar. Según un estudio de Fedea, el gasto medio en vivienda en España creció un 13% entre 2019 y 2024, pasando de 610 a 690 euros mensuales. Lo que para muchos puede parecer un aumento moderado es, en realidad, un lastre que acentúa desigualdades y tensiona la vida cotidiana, especialmente para quienes viven de alquiler o enfrentan hipotecas variables en un contexto de tipos de interés al alza.

El informe, elaborado por Fernando Pinto, profesor de Economía Aplicada de la Universidad Rey Juan Carlos, sostiene que la carga residencial no es solo una cuestión económica, sino también social. El incremento del gasto en vivienda no se distribuye de manera uniforme: los hogares en alquiler experimentaron un aumento del 33,5%, casi el doble que aquellos que no tienen hipoteca, mientras que los propietarios con deuda vieron un alza del 30,7%. “La vivienda deja de ser una protección para convertirse en fuente de vulnerabilidad”, advierte Pinto.

La presión sobre los bolsillos se combina con la inflación de los suministros y la escalada de los alquileres, que ha sido particularmente intensa en las áreas urbanas y en territorios con fuerte dinamismo demográfico y económico. Desde 2022, las cuotas hipotecarias también han contribuido al aumento, reflejando el impacto del cambio de ciclo monetario y los tipos de interés. Este fenómeno ha afectado sobre todo a los hogares con préstamos a tipo variable o en fases iniciales de amortización, multiplicando la sensación de inseguridad financiera.

Jóvenes y hogares unipersonales: los más golpeados

El estudio también señala que los hogares unipersonales de entre 18 y 34 años sufren niveles de presión elevados. La ausencia de economías de escala y la dependencia del alquiler hacen que cada aumento de precio se sienta de manera más intensa. En un país donde los ingresos jóvenes no siempre se ajustan a la inflación residencial, el resultado es un riesgo elevado de exclusión y frustración, que puede tener efectos emocionales y sociales duraderos.

Brecha territorial: la vivienda no pesa igual en todas partes

La vulnerabilidad residencial también tiene un fuerte componente geográfico. Según el estudio, cuando la carga sobrepasa el 40% de los ingresos del hogar —umbral europeo de tensión severa—, Cataluña, Madrid y Baleares concentran los porcentajes más altos de hogares en sobreesfuerzo, con tasas de 19,3%, 18,8% y 18,1%, respectivamente. En contraste, Castilla y León, La Rioja y País Vasco registran cifras mucho más moderadas, entre 11,6% y 13%. La disparidad evidencia desequilibrios estructurales entre costes residenciales e ingresos que se mantienen persistentes en el tiempo.

La composición del hogar y la intensidad laboral resultan determinantes. Los domicilios con varios adultos ocupados presentan mayor capacidad para absorber aumentos del gasto residencial: solo el 7,4% experimenta sobreesfuerzo. Entre los hogares de baja intensidad laboral, esa cifra se dispara hasta el 18,9%. Esta diferencia revela cómo la carga de la vivienda no depende únicamente del precio, sino de la combinación de estructura familiar y estabilidad económica, que actúa como un amortiguador —o un amplificador— del estrés financiero. @mundiario

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