El verdadero problema es que abandonar la austeridad cuesta dinero

Yanis Varoufakis.
Yanis Varoufakis.

Los griegos han votado por abandonar la austeridad, lo que no está nada mal teniendo en cuenta que es la idea más generalizada que conozco aunque al alcance de pocos.

El verdadero problema es que abandonar la austeridad cuesta dinero

Los griegos han votado por abandonar la austeridad, lo que no está nada mal teniendo en cuenta que es la idea más generalizada que conozco aunque al alcance de pocos.

 

Toda la gente que trato y a cualquiera que le pregunte por la calle, me confirmará que desea abandonar la austeridad, que se hubiese comprado un coche mejor, un piso mejor, que  enviaría a sus hijos a los mejores colegios, que necesita unas vacaciones espectaculares, que su sueño es que se realice ese anuncio de la tele donde a alguien le toca la primitiva y sale por fin de la austeridad. Si yo fuese uno de los griegos o españoles con falta de recursos, abandonar la austeridad sería tener la casa pagada y un empleo digno para poder veranear en familia, y si fuese somalí probablemente abandonar la dichosa austeridad sería dejar de tener hambre.

Por mucho que nos cuenten los políticos afines a Syriza o periodistas apresurados, buena parte de los griegos se han quedado en su casa porque han perdido la esperanza: un 40% aproximadamente. De los que votaron parece que ganan holgadamente los que votaron no a la austeridad creyendo las afirmaciones de Tsipras de que eso solucionaba los problemas en 48 horas. Ojalá pero me temo que no será así. Tsipras no puede irse del euro porque no sería entendible ya que los euros del BCE son los que han nutrido durante los últimos cinco meses los bancos de los que los griegos sacaban mil millones diarios de euros, no para comprar deuda en un ataque de orgullo, solo para especular, y así sacando dinero salieron mas euros de lo que supone el rescate solicitado.

Para abandonar la austeridad es imprescindible tener dinero o que alguien te lo preste si se fía de uno. Normalmente cuando no tengo deudas y quiero mejorar mi vida puedo optar por pedir un préstamo (con cuidado de no llamar terrorista al que se lo pido), e invertir en algo que presumiblemente me permitirá devolver la deuda y dejar la austeridad atrás. Sin embargo la actitud griega parece que quisiese provocar que los echen del euro y así no ser culpables de lo que ocurra. Volviendo al tema, lo malo es cuando mi deuda crece tanto que ya nadie se cree que pueda devolver un préstamo. En el caso griego se hizo un rescate y luego otro más acompañado de una quita, lo que viene a ser como un regalo, y ahora vuelven a requerir otro mas con otra quita, es decir, otro regalo. El problema lo veo en que cada quita que se hace a Grecia es un aumento de la deuda de otros países como España que tampoco andan sobrados. De hecho ya pasan de una deuda del 100% del PIB España, Francia, Bélgica, Italia, etc. 

Como casi todos tenemos buen corazón, queremos que se ayude a Grecia a mantener un nivel de vida digno, tampoco superior al de los prestamistas pero digno, claro que eso no puede ser a costa de otros países que han sufrido múltiples recortes. Es lo que tiene salir de la austeridad, que necesito dinero y si no lo tengo o lo pido o tranco un banco (que no sea griego).

Ramon Tamames, que de economía algo sabe, propuso una idea feliz consistente en los acuerdos de la creación del área del euro. Entonces se fijó el déficit máximo tolerable y la deuda máxima que se podía adquirir antes recortar gastos. La cifra era, y es, el 60% del PIB. Bien, pues propone Tamames que esa sea la deuda a devolver para todos, y el resto pase a un fondo del BCE al modo de una Reserva Federal que puede devolverse en cómodos plazos de 20, 40 o 60 años, prácticamente una deuda permanente. 

No se si es la mejor solución, pero en el plan arrogante de Tsipras y los insultos a los que hemos hecho las aportaciones a su deuda, ahora no nos va a dejar al borde de la quiebra con 26.000 millones de euros más de deuda. La solución debe ser global y vales para todos los miembros de la Unión Monetaria.

El verdadero problema es que abandonar la austeridad cuesta dinero
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