Trump espera una llamada de Xi Jinping para destrabar las conversaciones comerciales

El presidente de EE UU ha expresado su frustración con el rumbo de las negociaciones con su homólogo chino. Según la Casa Blanca, una conversación entre mandatarios podría redefinir el curso de las tensiones.
Xi jinping, mandatario chino y Donald Trump, presidente de EE UU. / Dan Scavino - Wikimedia Commons
Xi jinping, mandatario chino y Donald Trump, presidente de EE UU. / Dan Scavino - Wikimedia Commons

En un momento de crecientes tensiones comerciales entre las dos mayores economías del mundo, el presidente de EE UU, Donald Trump, ha recurrido nuevamente a su plataforma Truth Social para ventilar su frustración: “Xi es extremadamente duro, ¡es muy difícil lograr un acuerdo con él!”. La declaración —a medio camino entre la queja y la presión pública— llega cuando la Casa Blanca sugiere que podría producirse una llamada telefónica entre ambos mandatarios esta semana, aunque Pekín no ha confirmado nada.

El trasfondo de esta tensión es un acuerdo alcanzado en Ginebra el pasado 12 de mayo, que incluía una tregua arancelaria de 90 días y el compromiso de revocar las contramedidas comerciales mutuas. Sin embargo, ese "cese al fuego" ha comenzado a desmoronarse. Washington acusa a China de no cumplir su promesa de facilitar las exportaciones de tierras raras, mientras que Pekín responde con dureza, alegando que, en realidad, es Estados Unidos quien ha continuado con acciones que minan sus intereses, como nuevas restricciones tecnológicas, advertencias contra el uso de chips de Huawei y la cancelación de visados para estudiantes chinos.

Ambas partes parecen haber interpretado de manera diferente lo acordado, por lo menos en público. Para EE UU, la relajación de restricciones a las tierras raras era una condición implícita. Para China, ese punto nunca fue parte del pacto. Esta ambigüedad ha desembocado en un estancamiento que ni siquiera los niveles más altos del Gobierno han logrado desbloquear.

Por ello, la posibilidad de un diálogo directo entre Trump y Xi ha sido mencionada repetidamente por altos funcionarios estadounidenses. La portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, aseguró que la llamada telefónica "podría" producirse esta misma semana, y el embajador David Perdue también expresó optimismo al respecto tras reunirse con el ministro de Exteriores chino Wang Yi. Sin embargo, China no ha dado señales concretas de aceptar la propuesta.

Esta resistencia podría responder a varios factores: la desconfianza hacia la volatilidad política estadounidense, el temor a que la llamada se convierta en un gesto sin resultados reales o una estrategia para ganar tiempo y reforzar su posición en la negociación. Algunos analistas coinciden en que Pekín esperará garantías claras antes de asumir mayores compromisos en la relación bilateral. Especialmente tras el varapalo judicial que frenó los aranceles estadounidenses, aunque estos fueron temporalmente restituidos un día después, el Gobierno chino, al igual que muchos otros socios comerciales, ha tomado nota del estado de vulnerabilidad de la estrategia arancelaria del partido republicano.

La diplomacia en pausa y sus consecuencias

La falta de comunicación constante agrava la incertidumbre comercial y tecnológica. Según recoge Reuters, los sectores industriales en EE UU, la India y Europa han comenzado a expresar su preocupación ante los retrasos en las entregas de tierras raras, esenciales para la fabricación de componentes electrónicos, baterías y dispositivos médicos. China, que domina este mercado a nivel mundial, ha ralentizado las licencias de exportación, lo que muchos ven como una forma de presión para contrarrestar las herramientas comerciales de Trump.

Además, el revés en el diálogo bilateral amenaza con debilitar el escaso consenso alcanzado en Ginebra. Si no se logra encauzar la situación, el ciclo de represalias podría reanudarse, afectando no solo a las dos potencias involucradas, sino también al sistema comercial global. Las bolsas ya han comenzado a reflejar el nerviosismo del mercado ante la falta de avances concretos.

Las declaraciones de Trump deben leerse en dos niveles. Por un lado, reflejan una genuina frustración frente a la falta de avances. Por otro, forman parte de su estilo negociador, en el que la presión pública y el lenguaje duro son herramientas habituales. El presidente sabe que sus palabras tienen un eco global y podrían estar dirigidas tanto a Xi como a su propia base política, que espera una postura firme frente a China.

Aun así, las formas pueden condicionar el fondo. Desde la perspectiva china, los mensajes contradictorios y las medidas unilaterales como la revocación de visados alimentan la percepción de que EE UU no actúa con buena fe. En ese contexto, una llamada sin acuerdos previos sustanciales podría verse como un gesto vacío.

Si la esperada llamada se concreta, representará una oportunidad crítica para salvar lo poco que queda del pacto de Ginebra. Pero si no ocurre —o si no da frutos—, el camino hacia una escalada arancelaria y tecnológica será cada vez más difícil de evitar. La falta de confianza mutua y las presiones internas en ambos países dificultan una resolución rápida.

A pesar de todo, el diálogo sigue siendo la herramienta más efectiva. La relación entre ambos ha demostrado que los mayores avances entre EE. UU. y China se han producido tras contactos directos entre líderes. Trump lo sabe, y su insistencia en hablar con Xi sugiere que no está dispuesto a dejar que el conflicto se descontrole. @mundiario

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