China acusa a EE UU de violar la tregua arancelaria: tensiones renovadas por un acuerdo pendiente

El pacto para reducir sustancialmente los gravámenes bilaterales y preparar el terreno para alcanzar un acuerdo comercial se ve sacudido por las acusaciones cruzadas sobre su incumplimiento.
Xi Jinping, presidente de China. / RR.SS
Xi Jinping, presidente de China. / RR.SS

Las relaciones comerciales entre China y EE UU vuelven a tensarse tras acusaciones mutuas de incumplimiento del acuerdo alcanzado en mayo. Mientras Pekín amenaza con medidas “contundentes”, la Casa Blanca defiende sus restricciones tecnológicas y acusa a China de actuar como un socio poco confiable. 

El 12 de mayo, Washington y Pekín anunciaron una tregua comercial provisional tras conversaciones en Ginebra. El acuerdo incluía la reducción temporal de aranceles bilaterales y fue presentado como una oportunidad para reencauzar las relaciones. Sin embargo, tres semanas después, el tono ha cambiado drásticamente.

China acusa a Estados Unidos de haber “violado gravemente” el consenso alcanzado y denuncia medidas como el control de exportaciones de chips de inteligencia artificial, la suspensión de ventas de software para diseño de semiconductores y la revocación de visados a estudiantes chinos. Según el Ministerio de Comercio chino, estas acciones minan la estabilidad alcanzada y exigen una “respuesta contundente”.

En un comunicado oficial, China advirtió de que tomará “medidas firmes” si Washington persiste en lo que considera provocaciones unilaterales. El Ministerio de Exteriores también instó a la Casa Blanca a corregir sus “prácticas erróneas” y respetar los acuerdos establecidos.

Las acusaciones de China se centran en decisiones recientes de la Administración del presidente Donald Trump, que ha impuesto nuevos controles a la exportación de componentes tecnológicos clave hacia el país asiático. Estas restricciones afectan directamente a sectores como la inteligencia artificial y los semiconductores, pilares del desarrollo tecnológico chino.

Además, la revocación de visados a estudiantes —más de 275.000 chinos están actualmente matriculados en universidades estadounidenses— ha generado inquietud tanto en Pekín como en el ámbito académico internacional. Las autoridades chinas consideran estas medidas una forma de presión política que trasciende los límites comerciales, un intento de EE UU por obtener influencia en las negociaciones y una herramienta que permite a Washington presionar a Pekín durante las conversaciones.

Por su parte, la Casa Blanca justifica sus decisiones con base en la seguridad nacional. Funcionarios estadounidenses han expresado preocupación por la supuesta colaboración de empresas tecnológicas chinas con el Ejército Popular de Liberación y la posible transferencia de tecnologías estratégicas a usos militares o autoritarios.

La Casa Blanca busca un acuerdo de forma activa

El endurecimiento de la postura china le sigue a las declaraciones del presidente Donald Trump vía Truth Social, quien había afirmado el viernes que China “violó TOTALMENTE” el acuerdo. El mandatario aseguró que había ofrecido una salida rápida a Pekín para evitar una “situación muy mala”, y lamentó que su buena voluntad no haya sido correspondida: “¡Tanto por ser el tipo simpático!”.

En sus declaraciones a la prensa, Trump manifestó su intención de hablar directamente con Xi Jinping para resolver el conflicto. Aunque no hay confirmación oficial sobre un contacto inminente, la posibilidad de un diálogo presidencial sigue abierta como vía para desactivar tensiones.

Por su parte, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, admitió que las negociaciones con China están “algo estancadas”, pero expresó su confianza en que un acuerdo definitivo puede lograrse. En una entrevista con la cadena CBS News, Bessent señaló que el impasse podría superarse "con una llamada" entre Trump y Xi.

“Creo que veremos algo muy pronto”, aseguró el funcionario, al tiempo que acusó a China de retener productos esenciales para las cadenas de suministro de la India y Europa, calificando esa conducta como impropia de un socio confiable.

¿Un punto muerto o el preludio de una nueva escalada?

La tregua comercial acordada en mayo tiene una vigencia de 90 días, durante los cuales ambas partes se comprometieron a mantener abiertos los canales de diálogo. Sin embargo, el deterioro del clima diplomático y la persistente desconfianza mutua generan incertidumbre entre inversionistas y empresarios de todo el mundo.

Expertos como Arthur Kroeber, analista de Gavekal Research, advierten de que los objetivos estratégicos de EE UU siguen siendo difusos y que las divisiones internas en el equipo de Trump dificultan una política coherente. “No está claro si la política comercial está en manos del presidente, de sus negociadores o del equipo de seguridad nacional”, afirmó Kroeber a la CBS.

Si bien ambos países aseguran querer resolver el conflicto mediante el diálogo, sus acciones sugieren lo contrario. Una llamada entre Trump y Xi podría ofrecer un respiro temporal, pero sin compromisos claros y duraderos, la amenaza de una escalada mayor permanece latente.

La pregunta clave es si la diplomacia podrá imponerse sobre la confrontación o si el mundo deberá prepararse para una nueva fase en la guerra comercial entre las dos mayores economías del planeta. @mundiario

Comentarios