Telefónica vende su histórica participación en BBVA por 608 millones
Telefónica ha decidido cerrar una etapa que comenzó en pleno fervor tecnológico del año 2000 y que durante un cuarto de siglo simbolizó la ambición de construir un gigante hispano de las finanzas y las telecomunicaciones. La operadora ha vendido la totalidad de su participación en el BBVA por 608 millones de euros, certificando el fin de una relación accionarial que nació con vocación de “alianza global” y que hoy queda reducida a un recuerdo de otro tiempo corporativo.
La operación, recogida en el informe financiero anual de Telefónica, supone la desinversión completa de un 0,77% del capital del BBVA, valorado a cierre de 2024 en 417 millones de euros. La revalorización bursátil del banco durante 2025 elevó el atractivo de la venta y permitió a la teleco materializar plusvalías significativas. El resultado: una entrada de caja de 608 millones y un beneficio neto de 335 millones en su cuenta de resultados, además de la reclasificación de 119 millones adicionales a reservas.
No se trata únicamente de una operación financiera. Es, sobre todo, un gesto estratégico. La compañía que hoy preside Marc Murtra culmina así una limpieza de balance y una redefinición de prioridades iniciada en la etapa final de José María Álvarez-Pallete, quien ordenó la venta antes de abandonar la presidencia en enero de 2025. Telefónica elimina de su perímetro un activo financiero que durante años fue símbolo de poder cruzado en el capitalismo español.
La desvinculación, sin embargo, es asimétrica. Mientras Telefónica abandona por completo el capital del banco, el BBVA mantiene todavía un 5,007% en la operadora, aunque ya no lo considera estratégico. El banco ha dejado el consejo de administración y ha comunicado que su participación pasa a ser una inversión “dispuesta para la venta”. En términos prácticos, el divorcio está firmado; solo falta que el mercado dicte el calendario final.
Del sueño digital al pragmatismo financiero
Para entender la magnitud simbólica de la operación hay que retroceder a febrero de 2000. Bajo la presidencia de Juan Villalonga en Telefónica y la copresidencia de Francisco González en el BBVA, ambas compañías sellaron una alianza destinada a dominar el ecosistema digital y financiero de habla hispana.
Telefónica adquirió entonces un 3% del banco y el BBVA tomó hasta un 10% de la teleco. Intercambiaron vicepresidencias y proyectaron iniciativas conjuntas en comercio electrónico, banca online, medios de pago y telecomunicaciones móviles. Fue la época de Terra, de Uno-e, de las licencias UMTS y de una fe casi ilimitada en que internet reconfiguraría todos los sectores a la vez.
Aquella alianza respondía a un contexto de euforia tecnológica y concentración de poder empresarial. Hoy, en cambio, el tablero es distinto. El capital soberano ha ganado peso, los bloques tradicionales se han diluido y el mercado penaliza las participaciones cruzadas que no generen sinergias claras. La decisión de Telefónica no es solo contable: es una adaptación al nuevo orden corporativo.
Un movimiento con impacto en el balance
Desde el punto de vista financiero, la venta refuerza la posición de liquidez de Telefónica y simplifica su estructura de activos. La compañía elimina exposición a la volatilidad bancaria y libera recursos para reducir deuda o reforzar inversiones estratégicas. En un entorno de tipos aún exigentes y competencia feroz en telecomunicaciones, cada punto de eficiencia cuenta.
Además, la operación coincide con una remodelación profunda del consejo. El vicepresidente José María Abril, histórico representante del BBVA, abandonará el órgano tras casi dos décadas. Su salida visualiza el final de la influencia directa del banco en la gobernanza de la teleco. El relevo por un perfil independiente simboliza una nueva etapa menos marcada por alianzas de poder y más orientada a criterios de mercado.
El fin de los viejos núcleos duros
La ruptura entre Telefónica y BBVA refleja también la transformación del capitalismo español. Durante años, grandes empresas energéticas, financieras y de telecomunicaciones compartían consejeros y paquetes accionariales en un equilibrio estable. Hoy, ese modelo pierde peso frente a inversores institucionales, fondos soberanos y participaciones públicas estratégicas.
En el accionariado de Telefónica han emergido actores como la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI), el grupo saudí STC o CriteriaCaixa. En ese nuevo ecosistema, la posición del BBVA ha quedado diluida. Con un 5,007%, el banco no alcanza el umbral que le garantizaría asiento automático en un consejo de 15 miembros. Mantener capital inmovilizado sin influencia directa carece de sentido estratégico. @mundiario

