Sistemas de valoración de empresas (IV)

Empresas del polígono de A Grela, en A Coruña / galicianaves.com
Empresas del polígono de A Grela, en A Coruña / galicianaves.com

Cuarto capítulo de esta serie sobre la valoración de empresas, un reto al que tiene que enfrentarse, al menos una vez en la vida, un empresario. Esta serie de MUNDIARIO cuenta con el aval técnico de Zincapital.

Sistemas de valoración de empresas (IV)

No siempre se utiliza el mismo sistema para la valoración de una empresa, ni existen verdades absolutas en esta materia. En función de la información de que se dispone, que no siempre es completa, y del objetivo de la valoración, se utilizarán diferentes sistemas de estimación. Es práctica habitual que se utilice un método principal y uno o dos complementarios para contrastar la información obtenida. Es evidente que el ejercicio de valoración no consiste en aplicar unas fórmulas matemáticas y unos parámetros, sino que es preciso contrastarlos con la realidad y el sentido común.

Cuando los bienes forman parte de un mercado de competencia perfecta, la valoración es simple, ya que su valor se estima como el precio que se forma por la interacción de oferta y demanda. En estos mercados los bienes son homogéneos y existe un número suficiente de oferentes y demandantes, de forma que ninguno de ellos individualmente tiene capacidad de alterar el precio. La compraventa corporativa no tiene esas características, ya que una empresa es un elemento único y en el cambio de propiedad sólo hay un vendedor y uno o muy pocos compradores. El valor, por tanto, no puede venir dado por el precio de la transacción, pues este es el resultado de las motivaciones y de la habilidad negociadora de los actores, que pueden conseguir que el precio acordado diste mucho del verdadero valor de la compañía. Por otra parte, a veces es necesario tener una referencia para una situación distinta a una compra-venta (p.ej. una herencia, el establecimiento de una prima de seguro, etc.), lo que genera la necesidad de tener algún cálculo. En definitiva, no nos sirve como referencia el precio de una transacción concreta, bien porque no existe o bien por sus características concretas.

A partir de ahora analizaremos los métodos habituales de valoración de empresas. Desde un punto de vista académico se pueden agrupar en las siguientes categorías:

> Sistemas de valoración basados en el valor de los activos.

> Métodos patrimoniales.

> Métodos basados en la cuenta de resultados.

> Métodos basados en el fondo de comercio.

> Métodos clásicos y el principio del valor único.

> Métodos por descuento de flujos de caja.

> Métodos avanzados.

Dentro de aquellos basados en el valor de los activos, los más utilizados son:

> Valor matemático o contable. Se denomina también valor según balance o aritmético y es la diferencia entre el activo real y el pasivo exigible del balance, es decir:

V. C.  = Disponible + Realizable + Existencias + Inmovilizado –Exigible

 

Para calcular adecuadamente un valor contable es necesario la actualización y rectificación de las cuentas del balance ya que suelen aparecer al precio de coste histórico.

Valor de liquidación de la empresa. La determinación de este valor implica una situación concreta: su desaparición. Se obtiene sumando el valor generado por la venta de los activos y restando después el de las deudas y gastos de liquidación.

Valor de reposición. Viene determinado por lo que costaría adquirir una empresa que tenga la misma capacidad de producción y  generación de beneficios que aquellas que se está valorando. También se conoce como “valor contable ajustado”, el que obtendríamos cuando los valores de los activos y los pasivos se ajustan a su valor de mercado.

Valor sustancial. El valor sustancial de una empresa es el valor de reposición actualizado de todos sus bienes y derechos menos el valor de las deudas o pasivo exigible. También es conocido como “activo neto real”.  

El valor bursátil de la empresa. Viene determinado por el producto de la cotización de sus acciones en bolsa por el número de títulos en circulación.

Normalmente, como cotización de las acciones no se suele tomar la cotización de un solo día, sino la media de las cotizaciones de un período, con idea de que el valor bursátil tenga mayor representatividad.

Al determinar el valor de una empresa, el valor bursátil es un valor de referencia muy importante, ya que si el mercado bursátil funcionara perfectamente sería de gran utilidad, puesto que reflejaría el valor intrínseco de la empresa y las expectativas de beneficios futuros.

Otros sistemas de valoración
En las próximas entregas, comentaremos acerca de otros sistemas de valoración y sus prácticas habituales de uso. Es evidente que los sistemas académicos son unos y la utilización profesional es otra.
En cualquier caso, nunca hay que olvidar que la utilidad no es algo inherente al bien ni, en consecuencia, común para todo el mundo. Por consiguiente, el valor de cualquier cosa (objeto, bien, empresa, acciones, etc.) va a depender del binomio concreto sujeto-objeto que se considere. En este sentido, es preciso especificar que el valor de una empresa será el que corresponda al propietario de la misma y, por extensión, al conjunto de inversores, dejando al margen el valor que tenga para otros grupos de interés, tales como los empleados, los proveedores, los clientes, etc. . Por ello, es fundamental tener una valoración adecuada de la empresa que va ser objeto de la transacción, puesto que esta herramienta puede ayudar a la generación de expectativas y a la fijación de unas bases firmes para la negociación.

 

               

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