Sabadell mueve ficha y vende TSB al Santander: una jugada defensiva en la opa del BBVA

El Banco Sabadell ha vendido su filial británica TSB al Banco Santander en plena batalla por su independencia frente a la opa hostil del BBVA.
Ana Botín. / Mundiario
Ana Botín. / Mundiario

En la partida de ajedrez bancaria que protagonizan el BBVA y el Sabadell, este último ha decidido anticiparse con un movimiento que apunta a debilitar la ofensiva rival. La venta de su filial británica TSB al Banco Santander, por un importe que puede llegar a los 3.400 millones de euros, no es una mera decisión corporativa ni una operación de ordenamiento estratégico. Se trata, más bien, de una jugada con lectura política, financiera y emocional, cuyo objetivo es condicionar —cuando no alterar— el tablero en el que se libra la opa hostil lanzada por el BBVA.

El banco presidido por Josep Oliu, conocedor de que el tiempo corre en su contra, ha cerrado la operación en plena cuenta atrás hacia el 6 de agosto, fecha clave en la que los accionistas deberán pronunciarse sobre la oferta del BBVA. En paralelo, el Sabadell propondrá entonces un dividendo extraordinario de 50 céntimos por acción —equivalente a 2.500 millones de euros— que funciona como promesa de recompensa para los accionistas que permanezcan leales a la actual dirección. Es una especie de blindaje simbólico y financiero frente a la amenaza de absorción.

El BBVA no ha escondido su ambición: quiere integrar al Sabadell para conformar la segunda entidad financiera de España y ampliar su capacidad de crédito en 5.000 millones anuales. Pero el proceso se ha visto rodeado de múltiples resistencias, desde las institucionales —el Gobierno ha impuesto condiciones estrictas para preservar el empleo y la presencia territorial del Sabadell— hasta las empresariales, con el tejido económico catalán advirtiendo del coste que supondría la desaparición de un banco con arraigo en la comunidad.

Desde este punto de vista, la venta de TSB puede leerse como una reacción defensiva frente a la opa, aunque desde la dirección de Sabadell se insista en lo contrario. El consejero delegado, César González-Bueno, ha negado que se trate de una “píldora venenosa”, esa figura clásica en las guerras corporativas mediante la cual una empresa se desprende de activos para hacer menos atractiva su compra. Pero los hechos pesan más que las palabras: deshacerse de TSB no solo aporta liquidez inmediata, sino que permite repartir una generosa retribución a los accionistas y colocar al BBVA ante un escenario financiero que ya no puede controlar del todo.

El comprador, el Banco Santander, también juega su partida. La adquisición le permite reforzar su presencia en Reino Unido —uno de sus principales mercados internacionales— y se produce, paradójicamente, mientras su principal competidor nacional intenta crecer mediante una fusión. El movimiento es significativo: mientras el BBVA apuesta por crecer dentro de casa, el Santander continúa su expansión por Europa, sin ensuciarse en batallas domésticas.

En cualquier caso, el mensaje lanzado por el Sabadell es claro: está dispuesto a defender su autonomía, incluso a costa de remodelar su estructura y desprenderse de activos importantes. La jugada, sin embargo, también entraña riesgos. Deshacerse de TSB significa renunciar a un proyecto internacional que costó años de consolidar, y aunque la rentabilidad de la filial británica ha sido cuestionada en el pasado, su venta ahora podría interpretarse como una renuncia a una proyección a largo plazo.

El desenlace final depende ya, en buena medida, del análisis que hagan los accionistas del Sabadell cuando se les plantee la disyuntiva: aceptar la opa del BBVA y dar paso a un gigante bancario con escala global o respaldar a su actual equipo gestor y confiar en que las decisiones como la venta de TSB sirvan para revalorizar sus acciones a medio plazo.

Queda aún un camino por recorrer. El BBVA deberá actualizar el folleto de la opa, someterlo al escrutinio de la CNMV y abrir el periodo de aceptación. En ese punto, serán los accionistas quienes dicten sentencia. Pero la operación con el Santander deja claro que el Sabadell no piensa llegar inerme al combate final. Ha optado por vender para resistir. Y ahora, más que nunca, la partida se juega en múltiples tableros a la vez: en la bolsa, en los despachos y, sobre todo, en la percepción pública de quién defiende mejor los intereses de sus accionistas… y de su territorio. @mundiario

Comentarios