La economía española avanza sin problemas en el horizonte (I)
El ojo, a veces desorientado de la oposición, no suele atacar este sector como hace con el resto de los indicadores del Gobierno. Será porque marcha bien. No hace demasiado tiempo, la economía tenía la primacía en los países. Creo que hay otras cosas más importantes, pero no se debe despreciar.
Sin ella no se podría mantener el Estado del bienestar, los asuntos sociales, ni hablar de las pensiones. Según los datos, el primer trimestre de 2025 muestra señales de moderación tras un período de fuerte crecimiento. Estos son los datos objetivos.
El crecimiento del PIB es del 0,6%, lo que implica una décima menos que en el último trimestre de 2024. En términos interanuales crecemos un 2,8%, frente al 3,3% anterior. Aunque hay una ligera desaceleración, seguimos superando a grandes economías del euro como Alemania (0,4%) y Francia (0,1%).
La demanda interna aportó 0,5 al PIB. El consumo de los hogares subió un 0,6%, mientras que el gasto público cayó un 0,4%. La inversión aumentó un 0,9%, destacando en bienes de equipo y construcción. En el sector exterior, exportamos un 1,7% y gastamos un 1,6%, logrando un equilibrio.
En los sectores productivos, la industria creció un 1%, la construcción un 0,4% y los servicios un 0,2%. Destacaron las ramas primarias, como la agricultura y ganadería, con un crecimiento del 8,2%. La economía española tiene un crecimiento sólido, impulsado por el consumo privado y la inversión,
Los últimos datos sobre empleo en España son positivos. En el primer trimestre de 2025, el número de ocupados aumentó en 515,400 personas respecto al año anterior, lo que supone un crecimiento del 2,4%. Por otro lado, la tasa de paro descendió hasta el 11,36%, mostrando una mejora sostenida durante ese año. En cambio, la tasa de paro desciende hasta el 11,36%, casi un punto menos que el año anterior, lo que indica una mejora sostenida del año anterior.
En cuanto a la afiliación a la Seguridad Social, a mediados de junio se registraron más de 21,8 millones de afiliados, con un crecimiento del 0,60%, superior al del trimestre anterior. Sin embargo, hay un 3,30% de vacantes sin cubrir, alcanzando las 152,100, especialmente en sectores como la sanidad y la administración pública.
Los costes laborales aumentaron un 3,8%, reflejando una mejora en los salarios, aunque las empresas expresan preocupación por este incremento. El crecimiento económico está generando empleo y reduciendo el desempleo, demostrando que España no solo valora su pasado glorioso, sino también su capacidad de adaptarse y seguir evolucionando.
Yendo un poco hacia atrás, a finales del siglo XX, España transitaba por una senda de modernización acelerada. Tras décadas de aislamiento económico y político, la entrada en la Unión Europea en 1986 marcó un antes y un después: se abrieron los mercados, llegaron inversiones, y el país se embarcó en una profunda reconversión industrial.
Durante los años 90 y los primeros del siglo XXI, España experimentó un crecimiento notable, sostenido principalmente por la construcción, el turismo y el consumo. Ciudades como Madrid, Barcelona y Málaga florecieron como núcleos económicos y culturales. Sin embargo, esta prosperidad ocultaba ciertas vulnerabilidades: una alta dependencia del ladrillo, desequilibrios territoriales y un mercado laboral precario.
La crisis financiera global de 2008 golpeó con fuerza. El desempleo se disparó, especialmente entre los jóvenes. Muchas familias perdieron sus hogares. Fue un punto de inflexión duro pero revelador. Aquel sacudión económico obligó a replantear prioridades: apostar por la diversificación, por la innovación tecnológica, por un modelo más sostenible.
A partir de la segunda década del siglo XXI, España comenzó una lenta pero sólida recuperación. Las energías renovables cobraron protagonismo. La digitalización, la economía del conocimiento y la internacionalización de sus empresas abrieron nuevas puertas. El turismo siguió siendo vital, pero con un enfoque más consciente y diversificado.
Hoy, aunque persisten desafíos —como el desempleo juvenil, el acceso a la vivienda y la transición demográfica—, España ha demostrado una capacidad admirable de adaptación y resistencia. La economía española no solo ha sobrevivido a múltiples ciclos, sino que ha sabido reinventarse sin renunciar a su identidad.
La identidad económica de España es un mosaico complejo que refleja su historia, su diversidad regional y su evolución dentro de Europa.
Fundamentos históricos y estructurales
Se puede hablar de Economía mixta. España combina elementos de libre mercado con una fuerte presencia del Estado en sectores clave como salud, educación y pensiones.
Desigualdad regional. Comunidades como Madrid, Cataluña y el País Vasco tienen economías más dinámicas, mientras que otras regiones enfrentan mayores desafíos estructurales. @mundiario


