La madeja de la crisis de déficit: Francia congela la polémica reforma de las pensiones de Macron

La Asamblea Nacional francesa aprueba la suspensión temporal de una ley pilar del macronismo para amarrar el compromiso del Partido Socialista a negociar los presupuestos y evitar una moción de censura.

El presidente de Francia, Emmanuel Macron en el Parlamento británico. / Cámara de los Lores del Reino Unido
El presidente de Francia, Emmanuel Macron en el Parlamento británico. / Cámara de los Lores del Reino Unido

La Asamblea Nacional francesa ha decidido suspender, hasta 2028, la reforma de las pensiones que elevaba la edad de jubilación de 62 a 64 años, una de las medidas más controvertidas del mandato de Emmanuel Macron. Con 255 votos a favor y 146 en contra, la cámara aprobó una enmienda presentada por el Gobierno de Sébastien Lecornu como parte del acuerdo alcanzado con el Partido Socialista (PS), pieza clave para evitar una nueva moción de censura y asegurar la aprobación de los presupuestos en un momento de creciente presión fiscal.

La votación simboliza un giro político de gran calado. El partido de Macron, Renaissance, se abstuvo en la sesión, evidenciando la tensión interna entre la lealtad al presidente y la necesidad de mantener vivo a un Gobierno acorralado por el déficit y la fragmentación parlamentaria. El propio Gabriel Attal, presidente de la formación y ex primer ministro, reconoció que la suspensión “no es una buena noticia para la economía del país”, pero defendió la “lucidez política” de permitir al Ejecutivo mantener un compromiso con los socialistas para garantizar la estabilidad.

La suspensión de la reforma —que fue aprobada en 2023 entre fuertes protestas sociales y huelgas nacionales— se mantendrá hasta después de las elecciones presidenciales de 2027. Aunque no deroga oficialmente la ley, su congelación constituye una victoria política para la oposición y un duro golpe simbólico para Macron, que había convertido el retraso de la edad de jubilación en un emblema de su agenda reformista y de modernización del Estado del bienestar.

El apoyo a la suspensión reunió una coalición tan amplia como inusual: socialistas, ecologistas y la ultraderecha Reagrupamiento Nacional (RN) de Marine Le Pen votaron a favor, mientras que la derecha gaullista de Los Republicanos, guardianes de la ortodoxia presupuestaria, se opusieron al considerar la medida una “capitulación del Gobierno”. La Francia Insumisa (LFI), por su parte, también votó en contra con los comunistas, al sostener que la suspensión es insuficiente y que la única salida justa es la derogación total de la ley.

El Partido Socialista vota con Le Pen y los ecologistas

Ha sido una victoria para el mundo del trabajo: el tótem del macronismo ha sido sacudido”, celebró Olivier Faure, líder del Partido Socialista, evocando las protestas masivas de 2023 que marcaron uno de los capítulos más tensos del quinquenio anterior.

Sin embargo, el coste político podría ir acompañado de un coste fiscal significativo. Según el ministro de Trabajo y Solidaridad, Jean-Pierre Farandou, la medida supondrá un gasto adicional de 300 millones de euros en 2026 y de hasta 1.900 millones en 2027. Para compensarlo, el Ejecutivo prevé un nuevo impuesto sobre las fortunas improductivas, una iniciativa que pretende equilibrar las cuentas públicas sin recortar el gasto social.

La votación llega en un momento crítico para Lecornu, que enfrenta la tarea de aprobar unos presupuestos que contengan la escalada del déficit y restauren la confianza de los mercados y de Bruselas. La supervivencia política del primer ministro de Francia depende del delicado equilibrio entre la ortodoxia económica y las concesiones sociales que exige su frágil mayoría.

La suspensión de la reforma de las pensiones, aunque temporal, redefine el mapa político francés: representa la primera derrota parlamentaria significativa del macronismo en un tema estructural, y abre un nuevo ciclo en el que la capacidad de maniobra del Ejecutivo dependerá más del consenso coyuntural que del liderazgo presidencial. En un escenario de desgaste institucional y presión financiera, la congelación de la ley es tanto una tregua política como una advertencia: la Francia de Macron entra en su fase más incierta. @mundiario

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