“Ahora o nunca”: Lula lanza un duro ultimátum a la UE para firmar el acuerdo con el Mercosur
La negociación del acuerdo comercial entre la Unión Europea y el Mercosur ha entrado en su fase más tensa. Luiz Inácio Lula da Silva ha lanzado un ultimátum directo a Bruselas: o el tratado se firma esta misma semana o Brasil no volverá a impulsarlo mientras él siga en la presidencia.
El mensaje no es retórico. Refleja la frustración acumulada tras más de dos décadas de conversaciones, concesiones cruzadas y un cierre que vuelve a frustrarse por la resistencia de varios Estados miembros, con Francia al frente y una Italia ahora decisiva.
El tratado UE-Mercosur aspira a crear una de las mayores zonas de libre comercio del mundo, con más de 700 millones de consumidores y cerca de una cuarta parte del PIB global. Formalmente concluido hace un año, el acuerdo sigue atrapado en el laberinto político europeo. Para Lula, el momento actual es crítico: Brasil ejerce la presidencia semestral del Mercosur y la cumbre de Foz de Iguazú estaba pensada como el escenario simbólico de la firma.
Sin embargo, la oposición frontal de Francia y la decisión de Italia de considerar “prematuro” el acuerdo han reactivado una minoría de bloqueo en el Consejo Europeo. A ellas se suman Polonia y Hungría, suficientes para impedir que la Comisión reciba el mandato necesario para estampar la firma.
El ultimátum de Lula: presión y cansancio diplomático
El tono del presidente brasileño marca un punto de inflexión. Lula ha dejado claro que no piensa prolongar indefinidamente una negociación que considera agotada. “Y ya les he advertido que, si no lo hacemos ahora, Brasil no firmará ningún acuerdo mientras yo sea presidente”, advirtió, recordando que incluso aceptó aplazar la cumbre a petición de la UE para facilitar consensos internos que no han llegado.
Desde Brasilia, el mensaje es que el Mercosur ya ha cedido todo lo que la diplomacia podía ceder, especialmente en materia medioambiental y de salvaguardias agrícolas. El ultimátum no solo busca forzar una decisión inmediata, sino también trasladar el coste político del fracaso a Europa, en un contexto global marcado por la fragmentación comercial y el debilitamiento del multilateralismo.
El bloqueo europeo responde menos a cuestiones técnicas que a dinámicas políticas internas. Francia mantiene su rechazo por la presión de su sector agrícola, movilizado contra la entrada de carne, soja o azúcar sudamericanos. París exige salvaguardias “sólidas y operativas”, controles reforzados y garantías de competencia en igualdad de condiciones.
Italia, con el giro de la primera ministra Giorgia Meloni, ha añadido incertidumbre de última hora. Roma sostiene que el texto no está maduro y reclama medidas adicionales de protección para sus agricultores, una postura que Meloni presenta como prudente y no como un veto explícito, pero que en la práctica refuerza el frente del no.
Para Lula, esta posición resulta especialmente irritante: ya se considera que el acuerdo es más beneficioso para Europa que para el Mercosur, pero ahora las objeciones responden a cálculos electorales nacionales más que a desequilibrios reales del tratado, lo que trastoca su propia estrategia electoral.
El presidente Lula da Silva advirtió que si el acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la UE no se aprueba ahora, no se hará mientras sea presidente.
— Telemundo (@TelemundoUY) December 17, 2025
Italia se sumó este miércoles a Francia al solicitar aplazar el acuerdo comercial. pic.twitter.com/Z6fArIZx9O
Un contexto geopolítico menos favorable
Uno de los principales puntos de fricción son las salvaguardias agrícolas aprobadas recientemente por la UE, diseñadas en buena medida para satisfacer a Francia. En Brasil, estas medidas se perciben como un proteccionismo encubierto que puede vaciar de contenido los beneficios del acuerdo.
La poderosa Confederación Nacional de la Agricultura brasileña ya ha advertido de “riesgos severos” si estas cláusulas se aplican de forma amplia, al considerar que podrían neutralizar el acceso efectivo al mercado europeo. A ello se suma el precedente de la Ley Antideforestación europea, cuyo aplazamiento no ha disipado la desconfianza en el Mercosur.
El pulso se produce en un escenario internacional más complejo que hace una década. Estados Unidos, bajo un enfoque más unilateral, ha elevado la presión arancelaria sobre Brasil en el pasado reciente, y Argentina, con Javier Milei, muestra menos entusiasmo por el Mercosur y más afinidad con Washington, aunque reconoce el interés económico del acuerdo con la UE.
Lula ha sostenido casi en solitario el impulso político del pacto. Su advertencia también apunta al futuro: no está garantizado que Paraguay, cuando asuma la presidencia del Mercosur, mantenga el mismo empeño, ni que Europa encuentre pronto un interlocutor latinoamericano tan comprometido con la iniciativa.
La UE necesita el respaldo de al menos 15 países que representen el 65 % de su población para avanzar. Con Italia en el lado de las dudas, la balanza se inclina hacia el bloqueo, aunque la Comisión Europea y la presidencia del Consejo mantienen la intención de firmar. @mundiario


