España es uno de los principales países importadores de pescado del planeta
Los españoles son los principales consumidores de pescado del mundo con más de 40 kilos de productos de la pesca per cápita. Pero la UE no parece enterarse.
Sentemos el principio: España es uno de los principales países importadores de pescado del planeta, y los españoles somos los principales consumidores de pescado del mundo con más de 40 kilos de productos de la pesca per cápita.
Con estas dos premisas, a nadie puede extrañar que España resulte un país sumamente interesante para las naciones que exportan su producción pesquera. Y una cuarta cuestión: la Unión Europea no hace absolutamente nada para potenciar las posibilidades pesqueras de España como Estado Miembro con comunidades autónomas como Galicia, Andalucía y Canarias que son muy dependientes de la pesca.
Carente de caladeros propios con recursos suficientes para atender las necesidades de sus nacionales, España se ha visto en la obligación de buscar caladeros en Europa (restringidos brutalmente desde el año 1986, cuando se integró en la entonces CEE, hoy UE) y en otros mares internacionales asimismo afectados por los planteamientos de las distintas Organizaciones Regionales de Pesca y las connivencias entre países que impiden que la flota española pesque allí donde lo ha hecho históricamente, desde Terranova al Mar del Norte, pasando por Namibia, Marruecos, Mauritania, Guinea Conakry, Argentina, Malvinas, Perú, o Australia y el océano Índico.
Sin posibilidades de pesca
España, por tanto, se va quedando sin posibilidades de pesca, al tiempo que tanto la UE como el Gobierno de Turno y, en el caso de Galicia, la Xunta, promueven el desguace de buques como solución al problema (Galicia ha aprobado recientemente el desguace de una decena de barcos cuya actividad podría prolongarse -de ser otras las circunstancias- durante al menos otros diez años más) y aplicando el dicho según el cual, muerto el perro se acabó la rabia.
Salvo los barcos artesanales que, obviamente, pescan a escasa distancia de la costa, ningún otro barco de pesca -español o no- aporta al mercado español pesca del día. La pesca fresca que se vende como tal procedente de Gran Sol o de otros mares lejanos, llega a nuestros mercados tras su conservación en los frigoríficos o, directamente, congelados bordo y, en demasiados casos, incumpliendo las normas de trazabilidad de la pesca por cuanto se vende como si fuese fresco (caso por ejemplo del panga, entre otros).
Afán "achatarrador"
Cabe preguntarse si el afán "achatarrador" europeo -especialmente demostrado con respecto a la flota española- aceptado por el Gobierno y, en el caso gallego por la Xunta, se justifica por la sobrespesca o la carencia de caladeros con recursos, o bien por el interés de introducir medios de equilibrio -la importación- que permitan ese desprenderse de una flota que cada veza consume mayores recursos económicos de una Unión Europea en la que muy pocos países pueden presentarse como naciones pesqueras.
Sea como fuese, la UE mantiene su sistémica aplicación de recortes de TACs y cuotas y asfixia descaradamente a una flota -la pesquera- que ha enseñado a pescar a muchas naciones y que ahora se queda en dique seco a la espera de ayudas económicas que, por lo menos, eviten la corrosión de unos barcos nuevos, adquiridos en muchos casos con dinero público, amarrados indefinidamente a los muelles, como se puede contemplar a diario en, por ejemplo, la dársena coruñesa de Oza, donde el silencio no se rompe por el ruido de las máquinas de los barcos sino por el desagradable chirrido de las rebarbadoras y las sierras mecánicas.
Este es el desolador panorama de un sector que muere a grandes trancos cada día.