EE UU y China acuerdan desescalar las tensiones por el pulso sobre las tierras raras

Tras una intensa ronda de negociaciones en Londres, ambas potencias logran un entendimiento preliminar para implementar la reducción de las barreras comerciales y resolver la disputa sobre el acceso a minerales estratégicos.
El secretario de Comercio de EE UU, Howard Lutnick y el presidente Donald Trump. /White House
El secretario de Comercio de EE UU, Howard Lutnick y el presidente Donald Trump. /White House

Las relaciones comerciales entre Estados Unidos y China han dado un nuevo giro con el acuerdo alcanzado en Londres para delimitar un marco de aplicación para el consenso pactado en Ginebra que incluyó una tregua arancelaria. Aunque el entendimiento representa una señal de distensión tras meses de recrudecimiento proteccionista, persisten incertidumbres importantes, especialmente en torno a los minerales críticos —con las tierras raras en el centro del conflicto.

La negociación celebrada en la histórica Lancaster House de Londres ha servido para concretar un marco que permita implementar el pacto firmado en Ginebra el mes anterior. En ese documento, ambas potencias acordaron una reducción recíproca de aranceles: Washington prometió bajar sus tasas del 145% al 30% y Pekín, del 125% al 10%. Sin embargo, su implementación se había estancado, especialmente debido a las restricciones chinas a la exportación de tierras raras, fundamentales para la industria tecnológica y militar estadounidense.

En este nuevo encuentro, los equipos liderados por el secretario de Comercio de EE UU, Howard Lutnick, y el viceministro chino de Comercio, Li Chenggang, lograron alcanzar un entendimiento básico. Según declaraciones de ambos representantes, el marco establece un mecanismo para ejecutar lo pactado por los líderes, en particular tras la llamada de 90 minutos entre el presidente estadounidense Donald Trump y su homólogo chino Xi Jinping, en la que se comprometieron a rebajar el tono de sus relaciones comerciales.

Uno de los puntos centrales en la agenda de Washington ha sido la reanudación del suministro de tierras raras y otros minerales críticos, elementos esenciales para la producción de vehículos eléctricos, teléfonos inteligentes, imanes industriales y sistemas de defensa. La Casa Blanca ha acusado a China de incumplir el espíritu del acuerdo de Ginebra al restringir estos envíos de manera no arancelaria, lo que provocó represalias por la parte estadounidense en forma de controles a las exportaciones de tecnología avanzada, incluidos microprocesadores y software de diseño.

Lutnick fue claro al señalar que la expectativa de su país es que “el tema de los minerales de tierras raras y los imanes se resuelva en el marco de la aplicación del acuerdo”. Añadió que Estados Unidos retirará las sanciones impuestas recientemente si China restablece el flujo de estos recursos clave.

Desde la perspectiva estadounidense, las restricciones chinas representan una herramienta de presión geoeconómica que amenaza con desequilibrar sectores estratégicos. No en vano, la cadena de suministro de tierras raras —de la que China controla más del 80% a nivel mundial— se ha convertido en un punto crítico de vulnerabilidad para EE UU.

Un equilibrio precario basado en intereses

La arquitectura del nuevo marco comercial, según diversos analistas, no descansa sobre principios compartidos o una visión común de largo plazo, sino sobre un delicado equilibrio de presiones mutuas. “Este acuerdo está sostenido por la capacidad de ambos de ejercer influencia uno sobre el otro, no por la existencia de intereses convergentes”, observó Jianwei Xu, economista de Natixis. En ese sentido, la posibilidad de interrupciones o retrocesos sigue siendo elevada.

El propio hecho de que ambas delegaciones deban regresar a sus capitales para obtener el visto bueno presidencial subraya que todavía hay cuestiones no resueltas o divergencias sustantivas que podrían complicar la implementación.

En paralelo al conflicto comercial, el intercambio de restricciones no se ha limitado a productos o materias primas. Desde Washington se han impuesto restricciones a las exportaciones de tecnología de punta, y se ha planteado incluso la posibilidad de limitar visados a estudiantes chinos en áreas científicas, una medida que por ahora no se ha materializado pero que forma parte del arsenal diplomático del Gobierno de Trump para contrarrestar las herramientas de Pekín.

China, por su parte, ha reaccionado con quejas formales y medidas de represalia que incluyen controles administrativos y retrasos en aduanas, especialmente en sectores vinculados a la industria tecnológica y minera. La tensión se ha mantenido incluso tras la firma de la declaración conjunta de Ginebra, cuyo contenido no hacía mención explícita a los minerales críticos, pero sí comprometía a ambas partes a retirar medidas no arancelarias adoptadas desde abril.

Por ello, el nuevo marco acordado en Londres representa una ventana de oportunidad para la estabilización de las relaciones comerciales entre ambas potencias, aunque todavía lejos de un acuerdo definitivo, o que sea duradero. La resolución del conflicto sobre las tierras raras será una prueba crucial de la viabilidad del consenso alcanzado, en un contexto donde las medidas económicas se entrelazan con disputas geopolíticas y tecnológicas. @mundiario

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