La desaceleración económica de EE UU abre dudas sobre el rumbo de su política comercial y fiscal
La economía de Estados Unidos cerró 2025 con menos impulso del que se esperaba. El producto interior bruto (PIB) creció un 0,7 % en el cuarto trimestre, según la revisión publicada por la Oficina de Análisis Económico del Departamento de Comercio. La cifra supone exactamente la mitad del crecimiento estimado inicialmente, que era del 1,4 %.
Este ajuste no es un simple detalle estadístico. Cuando el crecimiento trimestral se revisa de forma tan significativa suele indicar que varios motores de la economía han perdido fuerza al mismo tiempo. En este caso, la corrección responde a una caída mayor de lo previsto en exportaciones, gasto público, consumo y algunas inversiones. Al mismo tiempo, las importaciones se redujeron menos de lo calculado, lo que también resta dinamismo al resultado final.
El efecto agregado es visible en la cifra anual. El crecimiento de la economía estadounidense en 2025 quedó finalmente en el 2,1 %, una décima menos de lo estimado y claramente por debajo del 2,8 % registrado en 2024.
Aranceles y bloqueo institucional
Dos factores explican gran parte de esta desaceleración. El primero tiene que ver con la política comercial. Durante el último año, la imposición de aranceles a varios socios comerciales alteró las dinámicas del comercio internacional. En términos económicos, los aranceles funcionan como una barrera que encarece los intercambios y reduce el volumen de exportaciones e importaciones. Cuando un país aplica estas medidas de forma amplia, el resultado suele ser una cadena de represalias y una caída del flujo comercial.
El segundo factor fue el cierre del Gobierno federal, que se prolongó durante 43 días, el más largo de la historia reciente. Durante ese periodo, cientos de miles de empleados públicos dejaron de cobrar y numerosas agencias suspendieron actividades. Cuando el Estado se paraliza, el impacto no se limita a la administración. Empresas que dependen de contratos públicos, servicios regulados o autorizaciones administrativas también se ven afectadas. Es como retirar temporalmente una pieza clave de un engranaje complejo: el resto de ruedas siguen girando, pero lo hacen con más fricción.
Consumo resistente, pero con señales de fatiga
A pesar de este contexto, la economía estadounidense no se detuvo. El gasto de los consumidores y la inversión empresarial lograron mantener cierto impulso, en parte gracias a las fuertes inversiones en sectores tecnológicos, especialmente en el desarrollo de inteligencia artificial.
Sin embargo, los datos más recientes muestran señales de cautela. En enero, el gasto de los consumidores apenas creció un 0,1 % una vez descontada la inflación. Para una economía donde el consumo representa cerca de dos tercios del PIB, cualquier enfriamiento en este componente se observa con atención.
Al mismo tiempo, el índice de precios de consumo personal subyacente, uno de los indicadores preferidos por la Reserva Federal para medir la inflación, subió un 0,4 % en el mes. Esto significa que la inflación sigue presente mientras el crecimiento pierde velocidad, una combinación que complica las decisiones de política monetaria.
Cuando una economía tan grande reduce su ritmo, el impacto se extiende mucho más allá de sus fronteras. Estados Unidos sigue siendo una pieza central del sistema económico global. Por eso, estos datos no solo reflejan una desaceleración coyuntural, sino también las consecuencias de decisiones políticas que afectan al comercio, a la estabilidad institucional y a la confianza de los mercados.
La economía puede compararse con un gran puente sostenido por varios pilares. Si uno se debilita, el resto puede mantener la estructura durante un tiempo. Pero si varios pilares se erosionan al mismo tiempo —comercio, gasto público y consumo— la solidez del conjunto empieza a ponerse en cuestión. La lección es evidente: la estabilidad económica no depende únicamente de cifras macroeconómicas, sino también de la capacidad política para evitar bloqueos, reducir tensiones comerciales y ofrecer certidumbre a largo plazo. Ese es el verdadero desafío que dejan los datos de 2025. @mundiario



