Cómo el fantasma de los aranceles disparó las exportaciones a EE UU
No fue la demanda, ni la innovación, ni siquiera una nueva estrategia comercial. Fue el miedo. La perspectiva de que Estados Unidos impusiera aranceles a los productos alimentarios europeos bastó para que los exportadores españoles se lanzaran a cruzar el Atlántico con más mercancía que nunca. En 2024, las exportaciones de alimentos y bebidas a ese país crecieron un 22%, hasta alcanzar los 3.365 millones de euros. Un dato espectacular, sí, pero que responde más al impulso defensivo que a un crecimiento orgánico.
La entrada en vigor, el 2 de abril, de un arancel del 10% confirmó los peores presagios. Sin embargo, el verdadero cambio ya se había producido mucho antes, cuando las empresas comenzaron a anticiparse con envíos masivos para evitar los sobrecostes futuros. El director general de la FIAB, Mauricio García de Quevedo, lo reconoce sin ambages: fue un comportamiento “atípico”, fruto de un “cierto acopio de mercancía”. No se trataba de conquistar el mercado estadounidense, sino de protegerse de él.
Los productos más afectados —aceite de oliva, frutas y hortalizas preparadas, vinos, pescado— representan no solo parte del corazón de la dieta mediterránea, sino también el alma exportadora del sector. Lo que debía ser una estrategia de diversificación se convirtió en una huida hacia adelante. El crecimiento fue real, sí, pero también frágil: los datos de enero y febrero de 2025 ya apuntan a una desaceleración casi total, con apenas un 0,5% de crecimiento.
Una política comercial volátil
El trasfondo de esta reacción es una política comercial volátil, que deja a la industria alimentaria expuesta a decisiones geopolíticas ajenas, como el conflicto abierto por los subsidios a Airbus. La UE y EE. UU. han abierto negociaciones, pero los aranceles ya están en marcha, y la suspensión de los adicionales pende de un hilo. Mientras tanto, España ha desplazado a Alemania como cuarto mayor destino de sus exportaciones alimentarias. ¿Durará esta posición? Es dudoso.
En paralelo, el sector sigue mostrando una fortaleza estructural envidiable. Las exportaciones totales crecieron un 7,2% en valor, el superávit comercial alcanzó los 16.090 millones, y el Valor Añadido Bruto subió un 4,5%. Sin embargo, el número de empresas disminuyó, especialmente entre las pequeñas. Un síntoma preocupante que pone en entredicho la sostenibilidad de ese crecimiento.
En este contexto, conviene no perder de vista la gran lección del 2024: una industria estratégica como la alimentaria no puede depender de impulsos coyunturales ni de decisiones unilaterales de terceros países. La diversificación de mercados es importante, pero debe hacerse desde la estrategia, no desde el miedo. Porque el pánico, aunque rentable a corto plazo, no alimenta el futuro. @mundiario



