China gana margen tras el fallo del Supremo y exige a EE UU retirar los nuevos aranceles
El Tribunal Supremo de Estados Unidos ha asestado un golpe decisivo a la política arancelaria de Donald Trump. En una sentencia que cuestiona el uso de la International Emergency Economic Powers Act (IEEPA) para imponer aranceles generalizados, la corte ha invalidado los llamados “aranceles recíprocos”, eje de la estrategia comercial del republicano.
La reacción de China fue inmediata y contundente. El Ministerio de Comercio declaró que ha “tomado nota del fallo” y reiteró su oposición a “cualquier tipo de aumento unilateral de aranceles”. Más aún: instó directamente a Washington a cancelar los gravámenes existentes y advirtió de que seguirá “protegiendo firmemente sus intereses”.
El Supremo concluyó que Trump utilizó de forma indebida la IEEPA para imponer aranceles amplios sin la autorización específica del Congreso. La decisión supone un revés jurídico y político para una política que había redefinido las relaciones comerciales de EE UU con China y otros socios.
Sin embargo, la Casa Blanca reaccionó con rapidez. Invocando la Sección 122 de la Ley de Comercio de 1974, Trump anunció primero un arancel global del 10%, posteriormente elevado al 15%, con carácter inmediato y por un periodo inicial de 150 días. El mensaje del presidente en redes sociales fue inequívoco: en los próximos meses se determinarán “nuevos aranceles legalmente permisibles”. Es decir, la estrategia no desaparece, pero cambia de instrumento.
China: entre la satisfacción y la cautela
Para Pekín, el fallo judicial refuerza su narrativa de que los aranceles eran “ilegales e injustificados”. El Gobierno chino ha insistido en que las medidas estadounidenses “violan tanto las normas comerciales internacionales como la legislación nacional estadounidense”. Al mismo tiempo, China observa con inquietud el nuevo paquete arancelario global. El Ministerio de Comercio ha señalado que Estados Unidos prepara “medidas alternativas, como investigaciones comerciales, para mantener sus aranceles”.
La posición oficial combina firmeza y cálculo estratégico: aprovechar el debilitamiento de la herramienta arancelaria de Trump sin descartar nuevas tensiones.
La sentencia llega a poco más de un mes de la visita de Trump a Pekín, prevista entre el 31 de marzo y el 2 de abril, donde se reunirá con Xi Jinping. Ambos líderes habían acordado en noviembre una tregua parcial: suspensión durante un año de aranceles recíprocos del 24% y reducción de gravámenes vinculados al fentanilo del 20% al 10%.
Antes del fallo, Washington mantenía aranceles medios del 47,5% sobre exportaciones chinas, según el Peterson Institute for International Economics. La decisión del Supremo limita ahora la capacidad de Trump para presionar con nuevas subidas automáticas.
Algunos analistas apuntan a que Pekín podría aprovechar este contexto para reclamar la eliminación del 10% residual vinculado al fentanilo y para resistir presiones sobre compras masivas de soja, energía o aeronaves estadounidenses.
Un tablero global en movimiento: negociación con cartas nuevas
La repercusión va más allá del eje Washington-Pekín. Corea del Sur ha expresado preocupación por sectores estratégicos como automóviles y semiconductores contemplados en su acuerdo comercial. India ha retrasado una delegación comercial ante la incertidumbre arancelaria. En Europa, la presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, ha advertido sobre el impacto de la imprevisibilidad normativa en la confianza empresarial.
El fallo judicial introduce un elemento de volatilidad adicional: si los aranceles pueden ser revertidos por los tribunales, las empresas enfrentan un entorno aún más incierto.
El elemento central es político. La política arancelaria era la “firma” económica de Trump. El Supremo no elimina su capacidad de acción, pero sí reduce su margen unilateral. Eso altera la dinámica negociadora. China interpreta que el presidente estadounidense llega a la cumbre con menor poder coercitivo. No significa que Pekín tenga ventaja absoluta, pero sí que el equilibrio se desplaza ligeramente.
El resultado dependerá de cómo evolucione el nuevo paquete arancelario del 15% y de si la Casa Blanca opta por vías alternativas —investigaciones comerciales, acuerdos sectoriales o presión regulatoria— para mantener influencia.
En este nuevo escenario, la disputa comercial entre Estados Unidos y China vuelve a empezar, pero con reglas distintas y con un factor judicial que introduce límites donde antes predominaba la discrecionalidad política. @mundiario


