Un apagón reabrió el debate: por qué Ascó y Vandellòs piden una segunda vida

El apagón de abril, el ejemplo de un reactor gemelo en EE UU y 90 millones anuales abren la puerta a un debate energético incómodo.
Planta de energía nuclear. / Pixabay
Planta de energía nuclear. / Pixabay

La batalla por el futuro nuclear en Cataluña ha dejado de ser un debate técnico para convertirse en un pulso político y emocional. Las centrales de Ascó y Vandellòs, gestionadas por la Asociación Nuclear Ascó-Vandellòs (Anav), avanzan posiciones para seguir activas más allá del calendario de cierre pactado en 2019. En un país que aspira —al menos sobre el papel— a una transición energética rápida y limpia, la propuesta de extender la vida de sus reactores no solo reabre una discusión dormida, sino que obliga a mirar de frente las debilidades estructurales del sistema eléctrico catalán.

El movimiento de Anav no es improvisado. Su estrategia se articula sobre tres pilares tan contundentes como incómodos: la fragilidad demostrada tras el gran apagón de abril, una inversión sostenida de 90 millones anuales para garantizar la seguridad y el espejo transatlántico de un reactor idéntico que ha obtenido permiso para operar hasta los 80 años. La combinación de estos elementos plantea una pregunta que incomoda tanto al Govern como a los sectores más escépticos con la energía atómica: ¿puede Cataluña permitirse prescindir de sus centrales antes de tiempo?

El apagón masivo que dejó a oscuras el territorio el pasado abril se ha convertido en un hito argumental. Para Anav, el incidente evidenció una dependencia energética mucho más profunda de lo que la opinión pública estaba dispuesta a admitir. El propio director general de la entidad, Paulo Santos, sostiene que aquel episodio "cambió la percepción" sobre la nuclear. De repente, la amenaza de un sistema inestable dejó de ser abstracta.

En paralelo, la empresa propietaria subraya que la seguridad de sus reactores está lejos de estar comprometida. Con una inversión anual de 90 millones —30 millones por reactor— y una plantilla rejuvenecida con una media de 46 años y un 20% de titulados superiores, Anav defiende que el mantenimiento está no solo al día, sino al nivel de los estándares internacionales más exigentes. La narrativa es clara: las centrales catalanas no son instalaciones envejecidas que agonizan, sino infraestructuras robustas, modernizadas y con capacidad de seguir produciendo durante años.

Un reactor gemelo que llegará a los 80 años

El tercer eje del discurso de las nucleares catalanas se encuentra a miles de kilómetros. North Anna, en el estado de Virginia, es una central prácticamente gemela en diseño a Ascó y Vandellòs. No es una comparación menor: en 2023 recibió luz verde de la Nuclear Regulatory Commission (NRC) para operar hasta 2060, lo que supone una vida útil de 80 años. E incluso se estudia la posibilidad de llegar a los 100. Para Anav, este precedente desmonta uno de los mantras que más peso han tenido en la transición energética española: que las nucleares envejecen mal.

El obstáculo que nadie quiere mirar

El debate se vuelve más áspero cuando se contrasta la capacidad nuclear con las alternativas renovables. En Cataluña, la energía atómica cubre el 51% del consumo eléctrico. Sin los reactores de Ascó y Vandellòs, harían falta 8.000 megavatios eólicos o 12.000 fotovoltaicos adicionales. Una cifra casi inalcanzable a corto plazo si se tiene en cuenta que hoy no se alcanzan ni 4.000 megavatios instalados entre ambas tecnologías.

Pero el problema no es solo técnico, sino territorial. Cada nuevo parque eólico o huerto solar suscita oposición municipal, ecologista o vecinal. Desde los aerogeneradores de 100 metros que generan rechazo visual hasta las plantas solares que alteran corredores naturales protegidos, las renovables avanzan a un ritmo muy inferior al que exige la descarbonización.

La Generalitat calcula que en 2050 se necesitarán 62.000 megavatios renovables para cubrir la demanda. Pero solo con instalaciones en cubiertas y suelos yermos no se superarían los 14.000. La distancia entre lo planificado y lo posible es, hoy, abismal. Y es en ese vacío donde las nucleares catalanas encuentran su mayor fortaleza argumental. @mundiario

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