Absentismo: el otro frente que Díaz abre en la batalla por la jornada laboral

La vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Trabajo apunta al absentismo como eje de consenso con empresarios mientras defiende su ley estrella en un clima político adverso.
La vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz. / La Moncloa.
La vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz. / La Moncloa.

En plena tormenta política por la reducción de la jornada laboral, Yolanda Díaz ha decidido abrir un nuevo frente —y, al mismo tiempo, tender un puente—: el absentismo. En un gesto que huele a maniobra calculada, la ministra de Trabajo asegura que existe “margen para actuar” contra las ausencias injustificadas, y lo sitúa estratégicamente dentro del marco legislativo de su proyecto estrella. Con esta jugada, Díaz lanza un guiño a los empresarios que han dado la espalda a la ley y trata de ganar un apoyo que, a día de hoy, sigue siendo esquivo en el Parlamento.

Durante su intervención en el Foro CREO, la también vicepresidenta segunda mostró una doble cara: la de la política que no cede un ápice en su cruzada por acortar la semana laboral —“esta norma no tiene marcha atrás”— y la de la negociadora que reconoce los puntos críticos del empresariado. El absentismo laboral, hasta ahora un tema relegado a notas de pie de página en la agenda del Ministerio, entra de lleno en el debate público como posible moneda de cambio para salvar la norma más ambiciosa del Gobierno en materia laboral.

La cuestión no es baladí. Díaz no solo ha reconocido que hay “mucho por hacer” en torno al absentismo, sino que ha sugerido explícitamente que parte de la solución puede articularse en el texto de la ley que busca reducir la jornada máxima legal. Esto equivale a una maniobra táctica en toda regla: aceptar parte del diagnóstico de la patronal para intentar desbloquear una negociación que parecía encallada.

Pero el absentismo, como fenómeno, es mucho más complejo que una simple estadística. La ministra ha hecho una distinción crucial: por un lado, el que se debe al mal funcionamiento de las administraciones sanitarias —fuera del alcance inmediato de las empresas—, y por otro, el que se deriva de factores como el envejecimiento de la población trabajadora o las ausencias voluntarias. Es precisamente sobre este segundo grupo donde Díaz cree que sindicatos y empleadores pueden actuar.

El absentismo como palanca política

Lo interesante no es solo que se hable del absentismo, sino cómo se habla de él. Díaz lo presenta no como una amenaza, sino como una oportunidad de pacto. Y eso, en una legislatura marcada por la polarización, suena casi revolucionario. Según señala Cinco Días, la ministra propone abordarlo de manera "conceptual", lo que deja la puerta abierta a soluciones innovadoras: incentivos, corresponsabilidad, medidas preventivas o incluso pactos sectoriales.

En paralelo, Díaz recupera viejos compromisos empresariales que nunca llegaron a materializarse. El Acuerdo para el Empleo y la Negociación Colectiva (AENC) mencionaba el absentismo, sí, pero nadie —ni sindicatos ni patronal— “le ha puesto el cascabel al gato”. Este es el momento, viene a decir la ministra. Esta es la ley.

Flexibilidad, productividad y pymes

Pero la ministra no se detuvo ahí. Además del absentismo, tocó otros dos puntos sensibles para el tejido empresarial: la necesidad de flexibilidad en la distribución del tiempo de trabajo y el eterno debate sobre la productividad. Aquí, Díaz alternó el tono conciliador con el combativo. Por un lado, admitió que hay que apostar por una “flexibilización correcta y bilateral”; por otro, denunció el uso del tiempo parcial como mecanismo de ajuste, especialmente dañino para las mujeres trabajadoras.

En cuanto a la productividad, Díaz se permitió lanzar una pulla directa: los detractores de la jornada reducida son “neoliberales con poca fortaleza intelectual”. Una frase afilada que recuerda más al lenguaje de campaña que al de una ministra en búsqueda de consenso. Pero detrás del dardo hay datos: Díaz sostiene que la reducción de jornada, lejos de reducir la productividad, la impulsa. “Está más que demostrado”, dijo. Y sugiere que ocurrirá lo mismo que con el salario mínimo: se vaticinó un desastre y ocurrió lo contrario.

El respaldo empresarial, aún en el aire

Las grandes asociaciones empresariales —de CEOE a Pimec— siguen intentando torpedear o reformular la ley. Y el Gobierno, sin apoyos garantizados, juega con el calendario. Pero Díaz, consciente de la necesidad de gestos, ha reabierto la puerta a las ayudas económicas para pymes, valoradas en 400 millones de euros, que fueron retiradas tras la negativa empresarial a firmar el acuerdo inicial.

A eso se suma su compromiso con otra reclamación compartida por empresarios y sindicatos: la corrección de la desindexación en los contratos públicos, que impide que las subidas salariales se reflejen en los precios de licitación. “Estas modificaciones deben ser compensadas”, insistió.

Una jugada arriesgada con sabor a ultimátum

El discurso de Yolanda Díaz mezcla habilidad política y desafío ideológico. En lugar de ceder o rebajar el contenido de su ley, introduce nuevas variables que pueden cambiar el juego. El absentismo se convierte así en un comodín inesperado. Puede atraer nuevos apoyos… o abrir más grietas. Pero en cualquier caso, lo ha situado en el centro del tablero.

La apuesta está lanzada: o se acepta que combatir el absentismo es parte del nuevo contrato social que implica una jornada laboral más corta, o se mantiene una resistencia que, según Díaz, no tiene fundamento técnico ni ético. Porque, como dijo sin rodeos, este Gobierno ha cambiado el paradigma: ya no se construye economía desde la precariedad.

Y en esa nueva lógica, quizás lo más provocador no sea hablar de ausencias, sino de presencia: la de un Estado que interviene, que propone y que ya no se conforma con esperar. @mundiario

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