El Valencia golpea al final y el Espanyol entra en zona de alarma
El Valencia de Carlos Corberán ha metido al Espanyol en un buen lío, y lo ha hecho con un “penaltito” que todavía se discute en los bares y tertulias. Ramazani transformó la pena máxima en el descuento y dejó a los de Manolo González con un cabreo monumental. El problema para los pericos no es solo la jugada polémica, sino que apenas suman un punto de los últimos doce. La dinámica es alarmante y empieza a sonar a crisis.
El Espanyol llegaba a Mestalla con la obligación de romper su mala racha, pero se encontró con un Valencia que, aunque irregular, supo golpear en los momentos clave. Hugo Duro adelantó a los locales y, aunque Terrats devolvió la esperanza con el empate, la fragilidad defensiva volvió a condenarles. El gol de Cömert fue un mazazo que evidenció la falta de concentración en los instantes decisivos. Los blanquiazules parecen incapaces de sostener un partido completo.
Manolo González intentó agitar el encuentro con cambios ofensivos, y por momentos el Espanyol mostró otra cara. Kike García y Edu Expósito aportaron energía y el equipo se animó, pero la reacción fue efímera. Cada vez que los catalanes se acercan a la remontada, aparece un error o una desconexión que los devuelve a la realidad. Esa falta de consistencia es lo que más preocupa: no basta con competir a ratos, la Liga exige continuidad.
El penalti señalado por Hernández Hernández fue la guinda amarga de la tarde. Una acción discutida, interpretada como zancadilla, que terminó con Rubén Suárez lesionado y con Ramazani ejecutando con sangre fría. El Espanyol se fue de Mestalla con la sensación de haber sido castigado por los detalles, pero también con la certeza de que su problema es más profundo. No se trata solo de decisiones arbitrales, sino de un equipo que no sabe cerrar partidos.
El Valencia respira con tres puntos que alivian su situación, mientras el Espanyol se hunde en dudas y reproches. Un punto de doce posibles es un balance que mete de lleno a Manolo González en la picota. La afición empieza a preguntarse si el equipo está preparado para sostener la categoría o si vive por encima de sus posibilidades. El lío es mayúsculo, y lo peor es que no parece haber un plan claro para salir de él. @mundiario


