2024, el último en Ferrari para Carlos Sainz
Caer y levantarse, empezar de cero, son experiencias que Carlos Sainz conoce a la perfección. Con una infancia bajo la sombra de un bicampeón del mundo de rallies, su padre, que a sus 61 años, tras desafiar una vez más las condiciones extremas del desierto, acaba de conquistar su cuarto Rally Dakar, la prueba más exigente del mundo del motor. Tal vez este haya sido el primer paso que el piloto de Fórmula 1 ya ha conseguido superar: trazar su propio camino bajo el mismo nombre que su mayor referente, su ídolo, sin vivir a la sombra del cabeza de familia, pero sin olvidar las lecciones que le enseñaron. Luchar hasta el final, no rendirse y mantener siempre la cabeza alta son ya sus señas de identidad.
Red Bull de azul, Renault de amarillo, McLaren en papaya... La carrera de Carlos ha sido una paleta multicolor. Ha pasado por muchos equipos, compañeros, situaciones y retos, pero el piloto español, con la seriedad que le caracteriza, ha sabido adaptarse y hacer suyo cada momento, dejando huella allá por donde pasa. En McLaren, su casa durante dos años, Andrea Stella sigue atribuyendo gran parte del éxito del equipo al compromiso y dedicación de Carlos y su equipo de ingenieros en el MTC, que trabajaron sin descanso para sacar lo mejor del coche, del equipo y de sí mismo.
En 2021, el sueño de todo piloto se hizo realidad: pilotar para Ferrari. La experiencia de Carlos en Maranello y recorriendo el mundo con su monoplaza rojo ha sido discreta pero constante. Con el equipo, logró su primera victoria en la máxima categoría en Silverstone en 2022, y un año después, en Monza, intentó convencer a los todavía escépticos tifosi con una pole y un podio que hicieron temblar el templo de la velocidad. Poco después, en Singapur, puso la nota roja a un calendario que habría sido todo azul y devolvió la sonrisa a un equipo que había olvidado lo que significaba ganar.
Carlos se abrió camino en Ferrari, pero no fue suficiente para frenar la fuerza de un siete veces campeón del mundo, Lewis Hamilton, que busca coronar su carrera, su sueño, ocupando el espacio que parecía que el español ya se había ganado. La Fórmula 1 puede ser cruel, implacable y, a veces, carente de empatía, como lo definieron los medios de comunicación y muchos de sus seguidores apenas se percataron de que éste sería el último año del piloto en la escudería más icónica y exitosa del mundo.
"Estoy bien, no os preocupéis por mí, de verdad".
Mientras todos seguimos reflexionando sobre la decisión, justa o injusta, esta es la única respuesta de Carlos, de un piloto que mira hacia delante y solo ve futuro. Un futuro que también le lleva al pasado, a su infancia, donde nació su sueño y donde sabe que muchos otros chicos y chicas empezarán a perseguir el suyo. Carlos Sainz habla con calma mientras pone en marcha su academia de karting y se esfuerza por superarse y mejorar siempre su versión anterior. No necesita palabras y, aunque sus ojos oscuros puedan parecer tristes, sólo piensa en lo que está por venir.
Carlos es silencio, es elegancia. Un hombre que se reserva las palabras y lo demuestra con hechos. Dirige su atención a quienes de verdad aprecian su esfuerzo, comunica con precisión en los momentos cruciales y desafía las críticas con determinación y se centra en su constante evolución, aspirando siempre a ser el mejor. Porque las cosas que de verdad importan son siempre las más difíciles de conseguir.
El número 55 puede cambiar de color, de box, pero siempre será el número de un piloto sin límites que este año escribirá el último capítulo en Ferrari, de rojo, más brillante e intenso que nunca.
Porque si no fuera así, no sería Carlos Sainz. @mundiario

