Se supone que Hidalgo ya se enteró de que Yeremay debe jugar en la banda y no de mediapunta
El Deportivo de La Coruña sigue invicto tras ocho jornadas, pero el empate (1-1) ante el Almería –un buen equipo– dejó un regusto agridulce en Riazor. La afición disfrutó de un partido vibrante y de un gol antológico de Yeremay, que se ha ganado por derecho propio ser titular indiscutible… en la banda, no como mediapunta. La jugada que culminó con un disparo inapelable a la escuadra fue la mejor prueba de ello: el canario necesita libertad y espacio para encarar, y desde ahí marca la diferencia. Se supone que Antonio Hidalgo ya se enteró.
Hidalgo necesita enterarse porque aún parece dudar en cuestiones que resultan decisivas. El técnico ha demostrado ser un buen gestor de vestuario y ha imprimido carácter a un equipo sólido en lo colectivo, pero algunas de sus lecturas tácticas siguen generando dudas. Mover a Yeremay de su sitio es una de ellas. Otra es su insistencia en dar entrada a Cristian Herrera, que lejos de mejorar al equipo, lo debilita hasta dejarlo en inferioridad futbolística.
El choque ante el Almería fue una montaña rusa. Los andaluces, que venían en racha, se adelantaron en el marcador con un gol de Bonini tras un córner mal defendido por un Germán Parreño que luego reconoció su error con honestidad. A pesar de ese tropiezo, el guardameta también mantuvo vivo al equipo en la primera mitad con intervenciones de mérito.
El Dépor, empujado por un Riazor desatado, apretó en la segunda parte con un vendaval ofensivo que no encontró la eficacia necesaria. Mulattieri, Villares y Eddahchouri dispusieron de ocasiones claras, pero el marcador ya no se movió. El Almería sobrevivió como pudo al asedio final, aprovechando las prisas blanquiazules y las dudas en el último pase, con muchos fallos en los remates.
La sensación general es que el Deportivo está creciendo, que tiene personalidad y recursos, pero también que necesita más claridad en las decisiones de su banquillo. Antonio Hidalgo no es un mal entrenador —al contrario, transmite orden y confianza—, pero todavía está lejos de ser un técnico de Primera. En partidos como este, donde el rival concede lo mínimo, el acierto en los detalles tácticos marca la diferencia entre ganar o empatar.
El Dépor, con ocho jornadas invicto, demuestra que está en el buen camino. Pero la exigencia de su afición no se conforma solo con resistir: quiere ganar, convencer y volver cuanto antes a la élite. Y para eso, además de la magia de Yeremay y la garra de Riazor, hará falta un Hidalgo más atrevido y menos dubitativo y errático en sus apuestas. @mundiario

