Gracias a un ejercicio de trabajo y fe, el Leyma ya no mira la clasificación desde abajo

El Covirán Granada es el nuevo farolillo rojo de la Liga ACB tras su derrota en el Coliseum ante los dirigidos por Diego Epifanio.
Una acción del partido entre el Leyma Coruña y el Covirán Granada. /  @basquetcoruna
Una acción del partido entre el Leyma Coruña y el Covirán Granada. / @basquetcoruna

La victoria del Leyma Coruña este domingo ante el Covirán Granada (93-89) sabe a oxígeno puro. Después de casi cincuenta días sin ganar, el equipo gallego no solo volvió a sonreír, sino que, de paso, dejó de ser el colista de la Liga ACB. Un triunfo ajustado, sufrido y trabajado, como suelen ser los partidos que valen más que dos puntos. Esta vez, valía el orgullo.

No fue una noche sencilla. El equipo coruñés llegó a dominar por 17 puntos, pero acabó temblando hasta el final. Las lesiones, como la de Thompkins, siguen mermando a un conjunto que ha aprendido a competir en la adversidad. Aun así, entre Taylor, Scrubb y Burjanadze lograron sostener el empuje andaluz en un último cuarto de infarto. Victoria coral con sabor a liberación.

El average conseguido por un solo punto tiene un valor simbólico enorme: coloca al Granada en el farolillo rojo y deja claro que este Leyma no está dispuesto a rendirse. La grada del Coliseum, que apretó como en las grandes ocasiones, volvió a sentir que hay vida, que aún hay fuego bajo las cenizas. El equipo se rehizo, se levantó y dio un golpe sobre la mesa. O, al menos, sobre la penúltima.

En un campeonato tan igualado por abajo, cualquier detalle cuenta. El Leyma suma seis victorias y, con solo seis jornadas por delante, cada partido será una final. Pero salir del último puesto es más que un paso: es un cambio de mentalidad. Ahora, toca mirar hacia adelante con la energía que da saberse fuera del pozo, aunque sea por la mínima.

Ganó el Leyma, sí. Pero sobre todo, ganó su fe. En una liga que no perdona, esta clase de victorias construyen carácter y alimentan la esperanza. Porque para seguir vivos, primero había que dejar de ser el último. Y anoche, por fin, lo dejaron de ser.

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