El Deportivo y la posible salida de Yeremay
El Deportivo de La Coruña atraviesa un dilema que va más allá de la clasificación en la tabla. Yeremay Hernández se ha convertido en mucho más que un jugador diferencial: es el rostro de la ilusión y la prueba de que el talento puede florecer incluso en Segunda. Su nombre aparece en cada análisis del presente y, sobre todo, en las proyecciones de futuro inmediato del club. La afición lo ve como un símbolo de esperanza y la directiva como un activo estratégico. En definitiva, Yeremay es hoy el hilo conductor de un proyecto que busca recuperar prestigio.
El Dépor apostó fuerte por retener a Yeremay cuando llegaron ofertas de media Europa, consciente del valor de ese gesto. No era solo blindar a un futbolista, sino reafirmar una ambición institucional. Su salario, superior al de muchos jugadores de Primera, evidencia esa determinación. Con ello, el club quiso enviar un mensaje claro: construir un proyecto con identidad propia, con el joven crack como rostro visible.
Sin embargo, la continuidad de Yeremay depende de un factor decisivo: el ascenso. Si el equipo de Antonio Hidalgo no logra dar el salto a Primera, su futuro podría cambiar radicalmente, pues un talento de su proyección, sin olvidar su salario, difícilmente se encajaría con un proyecto que no alcanza la élite. Su salida sería un golpe duro para el club y la afición, pero también un recordatorio de que ningún proyecto puede sostenerse en un solo nombre.
Un futuro incierto
Tras la derrota ante el Racing de Santander en Riazor, el Dépor ha quedado fuera del grupo que lidera la tabla de la división de plata. Puede sonar exagerado, pero la dinámica negativa de las últimas semanas, con apenas cinco puntos sumados de veintiuno posibles, dibuja un panorama preocupante. El equipo parece atrapado en una inercia que no invita al optimismo y que amenaza con prolongar la distancia respecto a los objetivos marcados. La sensación es que el margen de error se ha reducido al mínimo.
La realidad es clara: si los blanquiazules no logran un giro radical, A Coruña seguirá viendo a su equipo lejos del lugar que le corresponde por historia y palmarés. En ese escenario, la continuidad de su buque insignia se tambalea, pese a tener contrato hasta 2030. Yeremay representa mucho más que un futbolista, y su salida sería la consecuencia lógica de un proyecto que no alcanza la élite. El ascenso, por tanto, se ha convertido en la frontera que separa la ilusión de la resignación.
La posible marcha del canario supondría un golpe emocional y deportivo, no tanto por sus cifras como por lo que simboliza en el campo. Su desborde, atrevimiento y personalidad han sido el motor de un equipo que necesita precisamente eso para creer. Sustituir ese impacto no es sencillo ni inmediato, y el Dépor debe prepararse para ambos escenarios: celebrarlo como líder en Primera o asumir que el camino continúa sin él. Porque un club que aspira a volver a la élite no puede depender de una sola joya, por brillante que sea. @mundiario


