El Deportivo ajusta piezas, pero el problema sigue en el centro del tablero

La llegada de un portero y un lateral corrige urgencias, aunque deja al descubierto las carencias estructurales de una plantilla pensada para algo más.
Álvaro Fernández. / Mundiario
Álvaro Fernández. / Mundiario

El Deportivo de La Coruña ha empezado el mercado de invierno moviéndose donde más ruido hacía la urgencia. Un portero contrastado y un lateral con recorrido están a punto de incorporarse a una plantilla que necesitaba oxígeno inmediato. Son fichajes coherentes, incluso lógicos. Pero también revelan, por contraste, que el problema de fondo sigue sin resolverse: al equipo le faltan jerarquía y fútbol en el centro del campo y solidez atrás.

La llegada de Álvaro Fernández es una operación de bajo riesgo y sentido común. A sus 27 años, el portero acumula una trayectoria amplia para la categoría, con ascensos, experiencias internacionales y un pasado reciente irregular, pero explicable por la falta de continuidad. En un contexto como el del Deportivo, donde la portería se convirtió en un foco de incertidumbre tras la lesión de Bachmann, su fichaje parece más una corrección que una apuesta. No ilusiona, pero tranquiliza, que no es poco en una temporada larga.

El mercado de invierno empieza con retoques, no con un giro de guion. Falta un central fiable y un centrocampista que ordene el juego

Algo parecido ocurre con el posible aterrizaje de Adrià Altimira. Un lateral joven, con formación en el fútbol profesional y hambre de minutos, encaja en un equipo que necesita competencia real en los costados. No llega como titular indiscutible ni como promesa estelar, sino como una pieza funcional. De nuevo, una decisión razonable. Y, de nuevo, insuficiente si se observa el cuadro completo.

Porque el Deportivo alcanza el ecuador de la temporada con una sensación incómoda: la de un equipo que compite casi siempre, pero manda pocas veces. El proyecto no está roto, pero tampoco ha dado el salto de madurez que se esperaba tras un mercado de verano ambicioso. Nueve fichajes eran una declaración de intenciones. El rendimiento real, tras los erráticos fichajes de Fernando Soriano, ha sido más tibio. Nada nuevo, por cierto.

Hay incorporaciones que han cumplido sin estridencias y otras que han aportado estabilidad. Quagliata y Loureiro destacan; Luismi, Noubi o Stoichkov han encajado en la rotación. El problema aparece en los puestos donde se esperaba un plus. El centro del campo carece de un futbolista capaz de gobernar los partidos y el eje de la defensa sigue transmitiendo fragilidad en escenarios exigentes. Grajera no ha asumido el rol de organizador y Comas deja dudas que se repiten jornada tras jornada.

El caso de Mulattieri resume bien el desencaje entre expectativas y realidad. Llegó como delantero diferencial y empezó con protagonismo, pero fue perdiendo peso hasta quedar desplazado por soluciones internas y por la irrupción de Zakaria. En el fútbol profesional, cuando un fichaje llamado a marcar diferencias deja de ser una opción en los momentos clave, el diagnóstico suele ser claro. No basta con participar: hay que decidir.

El Deportivo no está lejos de sus objetivos, pero tampoco cerca de imponer su ley. Los refuerzos de invierno apuntan a estabilizar, no a transformar. Puede ser una estrategia consciente, incluso prudente. Pero si el club aspira de verdad a algo más que competir dignamente, el mercado todavía tiene una deuda pendiente: un central de garantías y un centrocampista con mando. Sin ellos, cualquier ajuste será solo un parche bien puesto. @mundiario

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