El Deportivo evidenció su fractura en el centro de la defensa en El Nuevo Arcángel
El Nuevo Arcángel confirmó lo que muchos sospechaban desde hace semanas: el Deportivo no tiene un sistema defensivo fiable. Ni siquiera un entramado de cinco atrás logra ordenar a un equipo que se parte con demasiada facilidad y exhibe una preocupante falta de entendimiento entre sus líneas. El planteamiento de Hidalgo, pensado para protegerse, acaba revelando justamente lo contrario: la fragilidad es estructural.
La calidad individual de futbolistas como Yeremay sostiene al Dépor en más partidos de los que sería razonable. Pero un equipo que aspira a regresar a la elite del fútbol profesional no puede depender de destellos aislados mientras su zaga se descose por el centro. Y en esa zaga, los centrales se han convertido en el epicentro de un problema que narra con precisiíon de cirujano el periodista Juanma Codesido del diario As cuando analiza, uno a uno, a todos los jugadores que saltaron al campo en El Nuevo Arcángel.
Noubi ejemplificó en Córdoba esa inseguridad reincidente. Salió en la foto del gol rival al desviar el balón hacia su propia portería. De nuevo le faltó contundencia, concentración y capacidad para corregir a tiempo. Sus desconexiones ya no son un accidente: son un síntoma.
Arnau Comas tampoco mejora el panorama. A los siete minutos se precipitó con una entrada innecesariamente brusca que le costó la amarilla y lo condicionó durante toda la primera parte. El central jugó con miedo a cometer un error mayor y acabó sustituido al descanso. Esa sustitución, lejos de estabilizar al equipo, abrió otro frente.
Barcia, que entró tras el paso por vestuarios, apenas tardó unos minutos en fallar de manera grave en una salida que derivó en una ocasión clara del Córdoba. Poco después, quedó superado con demasiada facilidad en la acción del gol rival, desbordado al intentar cubrir la banda. La cadena de errores se acumulaba sin que nadie lograra imponer un mínimo de autoridad.
Incluso Loureiro, uno de los futbolistas más solventes y regulares del equipo, terminó desbordado por obligación. La cantidad de llegadas que el Dépor permitió en la primera mitad lo sometió a un ejercicio permanente de supervivencia. Por muy buen defensa que sea, ninguna pieza puede sostener sola un sistema que hace agua.
El Deportivo no solo encaja goles de patio de colegio: transmite inseguridad. Y esa inseguridad no nace en un partido concreto, sino en una estructura que no funciona. Si Hidalgo no encuentra una solución inmediata, el equipo seguirá dependiendo del talento aislado y quedará lejos de cualquier aspiración seria. Porque un club que quiere subir necesita certezas, y hoy por hoy la defensa del Dépor es todo lo contrario. Una vez más, Fernando Soriano, director deportivo, se ha lucido fichando. @mundiario
