¿Hasta cuándo se sostendrá la deriva de Fernando Soriano en el Deportivo sin consecuencias?

Ahora resulta que Cristián Herrera, inadvertido, también tiene contrato para el año que viene. Fernando Soriano no solo ha fracasado fichando –trajo a 14 jugadores de los que apenas juegan dos o tres–, sino que ha hipotecado al club, con hasta 30 jugadores.
Fernando Soriano, a la derecha, sonríe junto a Massimo Benassi. / rcdeportivo.es
Fernando Soriano, a la derecha, sonríe junto a Massimo Benassi. / rcdeportivo.es

El Deportivo de La Coruña sigue inmerso en una espiral de decisiones deportivas difíciles de entender, muchas de ellas firmadas por Fernando Soriano, el director deportivo que ha diseñado un equipo sobredimensionado y con un rendimiento pobre. La última muestra de esta errática planificación la ofrece el caso de Cristian Herrera, un delantero con cifras modestas que, sin embargo, ha renovado su contrato automáticamente al cumplir unos objetivos mínimos que, visto lo visto, parecen más una burla que una estrategia deportiva seria.

Soriano ha traído esta temporada a catorce futbolistas, en los mercados de verano y de invierno. De todos ellos, apenas dos o tres son titulares habituales. El resto engrosa una plantilla desmesurada que, de cara al próximo curso, tendrá nada menos que treinta jugadores con contrato en vigor. Esta acumulación de efectivos no es solo un problema económico —una verdadera hipoteca para un club que aún arrastra los estragos de su caída a los infiernos—, sino que también supone una losa deportiva: gestionar un vestuario tan inflado es casi imposible y genera frustración, desmotivación y caos.

El caso de Herrera es paradigmático. Con solo 551 minutos disputados entre Liga y Copa, dos goles y dos asistencias, su rendimiento ha sido testimonial. Ni siquiera ha alcanzado cinco titularidades, y su presencia en los onces ha sido anecdótica. A pesar de ello, ha anunciado que seguirá un año más porque, según dice, ha cumplido con unos “objetivos individuales” que ni el club ni el propio Soriano se han molestado en explicar con claridad.

Lo más inquietante no es que el delantero prolongue su vínculo con el Dépor –por modesto que haya sido su papel–, sino que este tipo de cláusulas automáticas reflejan una absoluta falta de criterio a la hora de diseñar contratos. ¿Qué clase de dirección deportiva premia la irrelevancia con una renovación? ¿Qué mensaje se lanza al resto del vestuario y, sobre todo, a la afición?

Soriano ha dejado una mochila cargada de contratos y decisiones cuestionables, sin que medie una autocrítica pública ni un cambio de rumbo visible. A día de hoy, el Dépor necesita menos promesas vacías y más proyecto real; menos nombres y más fútbol. Y sobre todo, necesita que alguien asuma responsabilidades por una gestión que, más que planificar un ascenso, parece condenada a perpetuar la mediocridad. ¿Hasta cuándo se sostendrá esta deriva sin consecuencias? @mundiario

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