El Betis cierra 2025 con un líder inesperado más allá de Isco y Antony

Aitor Ruibal lidera al equipo verdiblanco ante el Getafe y se gana el corazón de Pellegrini.
Escudo del Real Betis. / Instagram: realbetisbalompie
Escudo del Real Betis. / Instagram: realbetisbalompie

El triunfo del Real Betis ante el Getafe con un contundente 4-0 dejó una lectura nítida que va más allá del marcador. Aitor Ruibal encarna al futbolista total que cualquier entrenador desea tener en su plantilla. Sin hacer ruido, sin reclamar protagonismo, el canterano asumió responsabilidades ofensivas en un contexto exigente y respondió con personalidad. Su actuación no fue casual, sino la consecuencia de entender el juego, leer los espacios y ejecutar cada acción con la fiabilidad que sostiene al equipo.

El partido arrancó con un intercambio de golpes tácticos que exigía precisión y carácter. Betis y Getafe apostaron por presiones adelantadas y ritmo alto, pero fueron los verdiblancos quienes mostraron mayor determinación con balón. Las primeras llegadas, bien neutralizadas por David Soria, marcaron el tono de un equipo que no especuló. El Betis fue creciendo desde la ambición colectiva, con líneas juntas y una circulación rápida que empezaba a incomodar a un rival demasiado reactivo.

Ahí apareció la mano de Manuel Pellegrini, que volvió a encontrar soluciones desde la pizarra y desde la confianza en los suyos. Ángel Ortiz aportó equilibrio defensivo y Ruibal explotó la banda con inteligencia y criterio. Su capacidad para alternar posiciones, aparecer por sorpresa y finalizar jugadas convirtió su partido en una pesadilla para la zaga azulona. Asistió, marcó y volvió a marcar, demostrando que su valor no está en el brillo, sino en la eficacia constante.

El Getafe quedó atrapado en esa superioridad verdiblanca que fue creciendo con el paso de los minutos. Milla y Mario Martín no encontraron continuidad ante la presión de Marc Roca y Deossa, mientras Fornals se movía con libertad entre líneas y Antony aportaba desequilibrio permanente. Cucho, además, ofreció movilidad y sacrificio. En ese ecosistema bien engranado, Ruibal actuó como eje silencioso, conectando esfuerzos y dando sentido a cada ataque.

La segunda parte confirmó el dominio bético y cerró una noche redonda. El Betis supo gestionar la ventaja sin perder colmillo, mientras el Getafe se desdibujaba entre errores y frustración. El VAR y la falta de reacción terminaron de inclinar el partido. El conjunto verdiblanco despide 2025 con optimismo y una convicción reforzada: su proyecto tiene solidez y un líder inesperado, un canterano que juega donde haga falta y siempre responde. @mundiario

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