Anoeta vuelve a creer: el increíble dato que encumbra a la Real Sociedad de Matarazzo
La Real Sociedad de 2026 tiene algo que no se compra en el mercado: hambre. Y eso, en fútbol, suele ser el primer síntoma de un equipo que ha dejado de sobrevivir para empezar a mandar. La llegada de Pellegrino Matarazzo no solo ha cambiado la clasificación y el estado de ánimo, también ha reescrito un trauma reciente: el del gol. El mismo club que el año pasado se quedaba sin marcar en 19 de 38 jornadas, hoy vive instalado en la abundancia.
Lo más llamativo no es solo la cifra, sino el contraste. La Real venía de promediar menos de un gol por partido y de caminar demasiadas tardes con la pólvora mojada, como si Anoeta fuese una sala de espera eterna. Este curso ya había mejorado con Sergio Francisco (1,25 por jornada), pero con Matarazzo la curva se ha disparado: 17 goles en ocho partidos entre Liga y Copa, todos ante rivales de Primera. Una media de 2,13 que suena a otra categoría.
Y lo mejor para el aficionado txuri urdin es que no hablamos de un equipo que necesita 1.000 pases, 70 ocasiones o un monólogo eterno para marcar. La Real ha encontrado una manera más directa, más pragmática y, sobre todo, más cruel: llega menos, pero golpea mejor. Ese tipo de eficacia no solo gana partidos, también construye fe, y la fe es el combustible más peligroso cuando un equipo entra en racha.
En esa metamorfosis hay nombres propios que están recuperando su lugar en el relato. Oyarzabal ya va por nueve goles en Liga y diez en total, igualando a Kovacevic como máximo goleador de Anoeta (68) y colándose en registros históricos coperos. Guedes, directamente, parece otro: siete goles y cinco asistencias, superando con una sonrisa las cifras de sus tres últimos años y recordando al futbolista que en Valencia parecía indomable. Óskarsson también ha sumado, Sucic ha vuelto a marcar en casa más de un año después y hasta Turrientes se ha estrenado en Anoeta, como si el estadio hubiera abierto por fin una puerta que llevaba meses cerrada.
¿Se puede sostener este ritmo? Probablemente no. O, al menos, sería injusto exigirlo como norma. Pero ahí está la clave: el dato no es una obligación, es una declaración. La Real ha pasado de vivir con miedo al gol a convivir con él como una costumbre. Y cuando un equipo se acostumbra a marcar, lo siguiente que aprende es algo aún más importante: a creer que puede ganar cualquier partido, incluso sin jugarlo perfecto. @mundiario


