Adiós al sueño del regreso: el Sevilla descarta a Sergio Ramos y Almeyda se desmarca
El nombre de Sergio Ramos volvió a rondar el Sánchez-Pizjuán como una canción vieja que siempre encuentra la manera de sonar en Sevilla. Sin equipo tras desvincularse de Rayados de Monterrey, el Camero reapareció en el radar sevillista envuelto en rumores de regreso, primero desde los despachos como inversor y propietario, y después desde el césped como futbolista. Pero esta vez, el romanticismo se ha estrellado contra el muro más frío del fútbol moderno: la realidad.
José Ignacio Navarro, adjunto a la dirección deportiva del Sevilla, fue directo en la previa del partido aplazado ante el Girona. “Es un tema zanjado”, sentenció, dejando claro que el club se remite a los jugadores con los que cuenta actualmente, incluyendo al Sevilla Atlético. Y añadió un detalle que lo dice todo: Ramos no es un jugador que esté entrenando ni que pueda estar a disposición de Matías Almeyda. En otras palabras: no hay operación en marcha, no hay plan B, no hay puerta entreabierta.
El mensaje no es nuevo, solo más contundente. Hace días, Antonio Cordón ya había explicado el marco del problema en su rueda de prensa durante la presentación de Neal Maupay, el único refuerzo del mercado de invierno. “Nuestra prioridad era el delantero… no tenemos dinero para inscribir a nadie. No tenemos límite”, explicó, comparando la idea con “ir a comprar un coche sin dinero”. Y esa frase, más allá del chascarrillo, resume la herida: el Sevilla no decide por nostalgia, decide por supervivencia.
Almeyda, por su parte, también fue preguntado y eligió el camino más inteligente: esquivar el foco sin faltar al respeto. Reconoció la grandeza de Ramos como figura mundial, pero dejó claro que su obligación es entrenar a un grupo y protegerlo. “No me metan otra mochilita más”, pidió el argentino, consciente de que en Sevilla cualquier nombre grande se convierte en debate eterno, y cualquier debate eterno se convierte en ruido.
Y así, el regreso de Sergio Ramos se queda, al menos por ahora, en el terreno donde viven casi todos los regresos imposibles: el de los deseos. El Sevilla cierra la puerta no por falta de cariño, sino por falta de margen. Porque el fútbol, por mucho que quiera ser sentimental, siempre termina obedeciendo al mismo árbitro: el límite salarial. Y ese, hoy, no perdona ni a las leyendas. @mundiario


