Historias y leyendas de Santiago de Compostela (parte IV)

La memoria popular, que inventa lo que no conoce y sueña lo que no le explican, decidió para su esclarecimiento dos leyendas distintas.
Historias de Santiago de Compostela. / Mundiario
Historias de Santiago de Compostela. / Mundiario

Juan XXIII, el Papa Santo, peregrinó a Santiago, dejando la siguiente frase para la historia: “La Catedral de Santiago es la Catedral del mundo”.

Y justo la Catedral de Santiago, con todas sus torres ligeramente inclinadas, será la confidente de nuestra siguiente leyenda…

LA SOMBRA QUE APARECE JUNTO A LA PUERTA REAL

En la Plaza de la Quintana, junto a la Puerta Real de la Catedral, aparece las noches despejadas una sombra, permanece allí imperturbable, más no se ve la persona que la proyecta.
 
La memoria popular, que inventa lo que no conoce y sueña lo que no le explican, decidió para su esclarecimiento dos leyendas distintas. La primera nos habla de un peregrino que, o bien apoya a los caminantes que recorren la Ruta Jacobea, o bien pena por algún tipo de mala acción que lo obliga a deambular para siempre. La otra, nos habla de amores prohibidos y narra lo siguiente...
 
Debajo de la escalera de la citada Plaza, se cuenta que existe un túnel secreto, que data de los siglos XII o XIII y que conecta la Catedral con el cercano convento benedictino de San Paio. El convento lo fundó Alfonso II, en el siglo IX, para que los benedictinos velaran y protegieran los restos del Apóstol. Estos monjes fueron sustituidos en el siglo XV por monjas, las benedictinas de clausura.
 
Por el citado túnel, se dice, caminaban los curas y monjes, que residían en la Catedral, para tener encuentros sexuales con las monjas que residían en el convento vecino. Según la leyenda, uno de estos sacerdotes y una de esas monjas se enamoraron... 
 
Su amor, naturalmente, no podía ser público, por tanto, era un amor secreto y prohibido. Llegó el día en que la situación tornó en insostenible para el cura, él deseaba vivir su amor en libertad, por ello le propuso a su enamorada, la monja, quedar a media noche del día siguiente en la Plaza de la Quintana, junto a la Puerta Real, y fugarse juntos a un sitio donde no los conociera nadie y poder comenzar como una pareja más de enamorados.
 
A la cita del día siguiente acudió el sacerdote vestido con una túnica de peregrino. Su corazón latía con fuerza, presa de la emoción de cumplir por fin su sueño, pero las horas pasaron y su enamorada no llegó jamás a su encuentro. 
La emoción muda en pena y el sacerdote fallece. Desde entonces, la leyenda cuenta que él sigue acudiendo a su cita, vestido de peregrino, para esperar a su amada.
 
Lo cierto es que la sombra existe y se ha llegado a fotografiar, pero ¿qué es la sombra en realidad? Se trata de la peculiar sombra que el pararrayos de la Catedral deja junto al Pórtico Real y que ha dado pie a numerosas historias, entre ellas las aquí recogidas.
 
Pero no salgamos de la plaza Quintana, ya que ella misma recoge su singular historia...

QUINTANA DE VIVOS E QUINTANA DE MORTOS

"Quintana", según la RAE, significa plaza, por tanto se trata de un espacio abierto de uso público.
La Plaza de la Quintana aparece dividida en dos planos, uno superior y otro inferior, delimitados por unas imponentes escaleras petreas, encargadas de separar la “Quintana de Vivos”, en la parte superior, de la “Quintana de Mortos”, en la parte inferior, donde también se sitúa la Puerta Santa.
 
Pero ¿por qué recibe estos nombres la Plaza? La razón es simple, la parte alta estaba habitada por "los vivos", mientras que, en contraposición, la parte baja la ocupaban "los muertos" ya que en ella se encontraba un cementerio. Fue lugar de enterramiento hasta 1780, año en que fue trasladado a otro lugar por dos motivos, falta de espacio, ya que la plaza estaba totalmente delimitada y no se podía ampliar, y por razones sanitarias, resultaba más higiénico que unos cuerpos que, irremediablemente, se van a descomponer, lo hiciesen fuera de los muros de la propia ciudad.
 
Según las malas lenguas, en ese cementerio también fueron enterrados los neonatos concebidos en los encuentros amorosos entre los curas y monjes de la Catedral con las monjas del vecino convento de San Paio, de la anterior leyenda.
 
La Plaza es también denominada de los “Literatos”, como homenaje al Batallón literario formado por estudiantes en 1808, para combatir a las tropas napoleónicas en la Guerra de la Independencia. El batallón se formó en tan sólo 42 días, incorporándose inmediatamente a filas tras el acto de bendición de su estandarte.
 
Actualmente podemos contemplarlo en la sala de juntas de la Facultad de Derecho, donde se conserva. El estandarte está confeccionado en seda y porta dos escudos, el del antiguo reino de Galicia y la Cruz de Santiago, conservando parte de la leyenda que lo recorría: Auspice DeoPro Libertati Regis Palladis LegioAnno MDCCCVIII. En 1810 fue disuelto el Batallón Literario por el General Castaños, nombrando a los supervivientes oficiales en los cuerpos militares. En la Plaza de la Quintana hay una placa conmemorativa de aquella gesta.
 
Pero no nos alejemos de la Catedral y admiremos ahora el Pórtico de la Gloria ya que en él se encuentra nuestra siguiente curiosidad...

UNA EMPANADA EN EL PÓRTICO DE LA GLORIA

"…Y dicen que por aquel entonces, allá por el siglo XII, los antiguos peregrinos sabían que estaban ya llegando a Santiago de Compostela cuando, desfallecidos y hambrientos, desde los montes cercanos sentían ya el agradable olor de las empanadas de pan y vieiras, convirtiéndose así la empanada galega en una nueva y sabrosa guía del camino y apetitoso aliciente para volver a peregrinar".
 
Tan delicioso manjar, no pasó inadvertido para el Maestro Mateo quien la quiso recoger en el Palacio Episcopal de Gelmirez, en una de sus ménsulas, donde cuatro comensales dan cuenta de ella y, según el escritor Álvaro Cunqueiro, está rellena de lamprea.
 
Tan deliciosa debía resultarle la empanada al maestro Mateo que no dudó en esculpirla también en su obra más representativa: el Pórtico de la Gloria.
 
Mientras que en el Palacio Episcopal talló la empanada como sinónimo de homenaje, en el cual sus participantes se muestran felices por el ágape que están degustando, en el Pórtico lo hace como sinónimo de gula. El maestro Mateo representó el pecado de la gula a través de un pobre infeliz que, habiendo sido un glotón en vida, es castigado en el infierno a no poder satisfacer su voraz apetito, permaneciendo por toda la eternidad sin poder comer la suculenta empanada que sujeta entre sus manos y que a pesar de estar mordiéndola, no puede tragarla ya que una soga atada a su cuello le impide degustar el manjar.
Dejamos atrás la Catedral, pero no sus alrededores, para así llegar a...

EL ÁRBOL DE LA CIENCIA

Si cruzamos la Plaza del Obradoiro, entre los colegios de Fonseca y San Xerome, encontramos el Árbol de la Ciencia.
 
Está realizado en hierro, en sus ramas han entrelazado 13 "pergaminos" con distintas carreras, que antiguamente se impartían en la Universidad, escritas en latín, como matemáticas, arte, teología, astronomía, física, medicina...
 
Su origen se encuentra en la obra del escritor y teólogo Ramón Llull, del siglo XIII, en el que compara las ramas de un árbol con los distintos ámbitos del conocimiento, impartidos en las universidades. 
 
Pío Baroja en su libro del mismo nombre escribió: “Uno tiene la angustia, la desesperación de no saber qué hacer con la vida, de no tener un plan, de encontrarse perdido”, quizá por ello y según la tradición, si algún estudiante no tenía claro que estudios elegir, entonces acudía al árbol para que decidiera éste, o el destino, por él. El ritual consistía en dar tres vueltas sobre sí mismo, después, y dando la espalda al árbol, señalaban con el dedo el pergamino que resultase elegido, y éste sería los estudios universitarios que debería emprender. El árbol así lo había dictaminado… @mundiario
 

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