Historias y leyendas de Santiago (parte III)
El rito original consistía en apagar el "pitillo" en las nalgas de la criatura, a ello se debe el color negruzco que éstas lucen.
Leí que Galicia es "la tierra donde la lluvia entra sin permiso, donde los veranos huelen a mar en calma y las meigas tejen leyendas con las hadas"…
El capitel de la casa varela o cómo alcanzar el jacobeo pagano
En la Rúa do Vilar, una de las más transitadas, en su número 15, encontramos la Casa Varela, protegida por un soportal, en la que una de sus columnas se encuentra rematada por un bonito y llamativo capitel.
En esta bella pieza de cantería se aprecia un niño desnudo con las nalgas negras. Se podría decir que es un amorcillo, pero para ello debería tener alas, lo mismo si fuese un ángel, y en este caso no las tiene. El niño parece estar montado a lomos de un animal, difícil de identificar, pero que recuerda a una serpiente marina. En cualquier caso, se puede afirmar que se trata de la representación de algún ser mitológico. Pero ¿por qué aparece con las nalgas negras? La respuesta la encontramos en el Jubileo Pagano.
Santiago goza del privilegio de tener su propio Año Santo o Año Jubilar Compostelano a ser una de las ciudades santas de la cristiandad. Concedido mediante bula, hacia el 1122, por el Papa Calixto II, documento que no se conserva, y de lo que se tiene conocimiento gracias a otra bula de 1179, sí conservada, del Papa Alejandro III, la Regis aeterni, y que confirma el citado privilegio otorgado a la Catedral.
A raíz de ello, surge lo que la tradición dio a conocer como el Jacobeo anticlerical. Éste tiene un origen reciente, alrededor de los años 60 del siglo pasado, cuando los estudiantes más irreverentes de la Universidad de Santiago, decidieron apagar sus cigarrillos en el culete del niño para así ganar, lo que ellos denominaron, el Jubileo Pagano.
El rito original consistía en apagar el "pitillo" en las nalgas de la criatura, a ello se debe el color negruzco que éstas lucen.
Actualmente, parece que hay otra variante del rito, supongo que podría definirse de “no fumadores”, en la que se introduce el dedo en el orificio del pompis, y sobre la que se suele gastar la broma de “préstame el dedo y no mires”.
Siguiendo el hilo de los estudiantes, vamos a llegar hasta la Universidad, en concreto hasta la plaza de Mazarelos, en ella encontramos la puerta o arco de Mazarelos que es la única de las puertas de la muralla que rodeaba Santiago de Compostela que aún se conserva. En esta plaza está la Facultad de Filosofía y la Facultad de Geografía e Historia y, es precisamente aquí, donde nos vamos a detener, ya que si observamos la pared lateral de la Facultad de Geografía e Historia veremos tallado un pez que será el protagonista de la siguiente historia…
EL PEZ TALLADO EN LOS SILLARES DE LA FACULTAD DE GEOGRAFÍA E HISTORIA
¿Qué hace aquí un pez tallado? Para responder debemos remontarnos a la Edad Media.
En la citada plaza de Mazarelos, se llevaba a cabo el mercado de abastos de la ciudad. En ella debemos imaginar a los vendedores de frutas, hortalizas, carne y, por supuesto, pescado. Cuando se compraba un pescado, el mismo no se pagaba por peso, sino por medida.
De la Edad Media nos llegaron, talladas en piedra, las conocidas como Varas de Medir. Encontramos ejemplos en los municipios de Zafra y Almendral, en Extremadura. Se trataba de unidades de longitud en las que se solía hacer cinco marcas que se correspondían a las distintas medidas utilizadas en el comercio, pero en el caso de Santiago, la medida que nos encontramos tallada en el sillar de la Facultad es un pez…
Este sistema de medida permitía saber a cuánto se debía pagar la pieza de pescado, es decir, si el pez vendido era del tamaño del tallado, entonces tenía un precio concreto, si por el contrario su tamaño era inferior o mayor al representado en piedra, entonces su valor iría en consonancia. Después, y en algunos casos, venía la picaresca.
Algo gravemente penado era el hecho de adulterar los pesos. Si se demostraba que el vendedor los había trucado, se le ponía en un cepo, a modo de castigo ejemplar, en el centro de la plaza de Mazarelos, invitando al pueblo a que lo insultara y le tirase las verduras o frutas podridas.
Y no muy lejos de allí, cerca del actual mercado de abastos, en la Rúa Travesa es donde encontramos nuestra siguiente leyenda...
EL CARALLO
En una esquina de la Rúa Travesa, en el número 29, encontramos un pequeño bloque de granito en forma de falo, parece que esta peculiar forma cumplía una misión.
Estaba pensada para echar sobre ella las bridas de los caballos, así cuando el animal levantaba la cabeza la brida se quedaba enganchada en el "capuchón" de la parte superior. Era una forma sencilla de sujetar a estos animales sin necesidad de tener que hacer nudos que, necesariamente, deben ser después desechos.
Ahora viene la historia que “se viste con los ropajes de la leyenda”.
Parece que había un tallador de granito que decidió hacer uno de estos bloques con la forma de su pene y, muy resuelto, así lo hizo. Le puso realmente empeño, tallándolo en todo su "esplendor" y con todo lujo de fieles detalles, tales como venas, glande, etc. Después, orgulloso de su obra, lo puso ante su vivienda. El escándalo en la sociedad de la época fue mayúsculo. No se hablaba de otra cosa en la pequeña ciudad de Santiago.
Las señoras estaban indignadas y exigían airadas que se quitase el "carallo", forma vulgar de hacer referencia al pene, pero el tallador, orgulloso él de su obra, hacía oídos sordos y, testarudamente, se negó.
Al final, no se sabe por quién, el carallo fue "robado" y nunca más apareció tan singular y obsceno objeto. Los dimes y diretes dicen que fueron algunos maridos, que cansados de las protestas continúas de sus mujeres, los causantes del robo. En cualquier caso, “muerto el perro se acabó la rabia” todo volvió a la normalidad.
Normalidad que tiempo después se vio de nuevo alterada ¿qué ocurrió? pues que un nieto del tallador del primigenio carallo, esculpió ¡otro carallo! eso sí, sin tanto detalle como su precursor. Además hizo una advertencia: si el carallo desaparece volveré a tallarlo. En fin, el carallo no desapareció y se puede contemplar en la ubicación señalada.
Dejando atrás el carallo, vamos a llegar a la Rúa das Casas Reais, aquí había en su momento, ya no existe, algo realmente encantador que evoca otros tiempos…
LA BIBLIOTECA DE LAS BUENAS LECTURAS
En el número 6 de la Rúa das Casas Reais, se creó en septiembre de 1949 la Biblioteca de las Buenas Lecturas. Estaba gestionada por instituciones religiosas, encargándose de ella cuatro señoras mayores y por la que pasaron miles de estudiantes. Al final de su “vida” su escaparate resultaba pobre en libros, poco más de seis, con aspectos descoloridos y colocados con poca gana.
Contaba con las secciones: formativa, literaria e infantil. Sin embargo no contaba con un espacio de lectura, por lo que necesariamente debían prestarse los libros y, en función al tiempo de préstamo, se abonaba 10 o 20 céntimos. Sólo abría los jueves, durante todo el día, y domingos por la mañana, horario un tanto complicado, quizá por ello desapareció.
Resulta curioso, y a modo de hacer más hincapié en la importancia de una buena lectura y de moral correcta para el bien de nuestra alma, que justo enfrente del escaparate de la citada biblioteca, vemos la Iglesia de las Almas, en cuya fachada están talladas y policromadas varias almas en el Purgatorio donde deponen sus pecados en el fuego mientras depositan sus esperanzas en lo Alto. Sobre este dintel, Roberto Arlt escribió “donde entre llamas de mármol, arden despeinadas almas de mármol, mujeres de rostro fino, con el cabello de mármol suelto sobre las espaldas”. @mundiario