El estanque de Latona

En Versalles se representa este mito en una de sus maravillosas fuentes, pero no hace falta irnos hasta allí para contemplarlo ya que tenemos la fortuna de contar con nuestra propia fuente.

Estanque de Latona. / RR SS.
Estanque de Latona. / RR SS.

Latona, hija del titán Ceo y la titánide Febe, fue una de las múltiples amantes de Júpiter.

Cuando Juno, esposa de Júpiter, se entera que ha quedado embarazada monta en cólera decretando el exilio del Universo y prohibiendo a todas las tierras que acojan o socorran a Latona, por lo que es condenada a una huida perpetua. Finalmente, es acogida en la Isla de las Codornices por su hermana, dando allí a luz a los gemelos Diana y Apolo. Pero la huida continúa. Ahora, tras el parto, acompañada de sus dos hijos y, justo aquí, es donde comienza nuestro mito…

Latona, en su huida constante, llega a una región de Asia Menor, está fatigada, sus mamas ya no ofrecen alimento, su boca está áspera, sus pies heridos, le falta el aliento para continuar. En un profundo valle divisa un estanque de cristalina agua, ¡por fin refrescará sus labios!

Pero junto al lago hay un grupo de campesinos que se lo prohíbe siguiendo, naturalmente, las órdenes dadas por Juno. La mujer, agotada, les recrimina: “¿Por qué me prohibís estas aguas? El agua pertenece a todo el mundo. Tengo la boca reseca y apenas puedo hablar ¡Ah! Dejaros conmover por estos dos niños que, prendidos a mi pecho, os tienden sus débiles brazos”.

Latona se dispone a beber, los campesinos al verla se meten en el estanque y comienzan a remover con manos y pies el fondo de este, así, con el cieno, enturbian las aguas evitando que ella beba.

Latona completamente exhausta eleva a los cielos sus brazos suplicantes lanzando un grito ¡Que viváis para siempre en el lodo de vuestro estanque! La metamorfosis comienza, sus gargantas se hinchan impidiendo que sus gritos sean ya humanos, sus bocas se ensanchan, sus extremidades mudan en ancas, sus vientres se abomban… a partir de ese momento vivirán como ranas entre el lodo.

En Versalles se representa este mito en una de sus maravillosas fuentes, pero no hace falta irnos hasta allí para contemplarlo ya que tenemos la fortuna de contar con nuestra propia fuente.

En el Palacio de La Granja, definidos sus jardines como un mini Versalles, Felipe V quiso que se representara, a imagen de la otra fuente, el mito. Así fue, el mismo podemos encontrarlo en la denominada popularmente como fuente “de las ranas”.

En el centro podemos ver en mármol blanco a Latona, con sus dos pequeños aferrados a ella que eleva el brazo como súplica a los cielos, la metamorfosis de los campesinos ha comenzado, así los podemos ver en retorcidos escorzos, con sus bocas ensanchadas emitiendo un desgarrador grito mudo, una parte de sus extremos tiene forma anfibia mientras otra aun es humana. Conservan la ropa que se va deslizando por un cuerpo que va perdiendo la forma para la que fue confeccionada, las figuras se retuercen entre el lodo mientras extienden sus manos suplicantes pidiendo ayuda a la misma diosa a la que momentos antes ellos mismos se la negaron.

Las figuras de los campesinos se realizaron en plomo pintado de color bronce, mientras que la diosa y sus hijos fueron esculpidos en blanco mármol, destacando así su pureza y divinidad frente a la de los hombres, ya mitad humanos aun y mitad ranas, que se retuercen entre el lodo. @mundiario

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