El aire acondicionado, bien vale otro Pearl Harbor

Imagen referencial de un termómetro registrando altas temperaturas. / Pixabay
Imagen referencial de un termómetro registrando altas temperaturas. / Pixabay

Estaba tardando la serpiente de verano. Todo por el decretazo del ahorro energético, que no deja indiferente ni a los mosquitos ni al termostato de los “inverters” eléctricos.

 

 

El aire acondicionado, bien vale otro Pearl Harbor

Que no se diga que en verano hace calor y hostigan los insectos, pero el aire acondicionado ha irrumpido como objeto de litigio popular por iniciativa del político. Quién iba a decir que un pequeño electrodoméstico que llegó como quien dice con la democracia y se popularizó con los videoclubs en los ochenta, fuera a ser con el paso de los años objeto de cisma nacional. 

Otra disputa cómo no en esta serpiente de verano. Un objeto tan familiar en estas épocas como la turmix, las bermudas, los chiringuitos y las chanclas ha hecho girar las cuchillas de ventilación de populistas y usuarios.

Hay tensión, qué digo bronca, por la temperatura idónea del aire acondicionado a causa de la transición energética. Desde los escaparates en verano a todos se nos sube la temperatura y nos gustaba bajarla apretando un botón. Ahora resulta que hay que ahorrar energía en el entorno privado y los comercios que sirven tapas, porque han pensado que no debemos gastar gas ni petróleo de Rusia. Y aunque creíamos que los malos eran los rusos, le llenamos los bolsillos como nunca.

Jo*er con la Rusia de Putin que nos metió en la guerra en Ucrania. Allí sí que no queda ni un aire acondicionado en pie, y Europa, achicharrada por el precio del gas sugiere ducharnos menos veces y restringir el uso de agua caliente y del aire frío. En España, tan geopolítico como siempre, compra energía a la Rusia invasora por haberse enemistado con Marruecos y Argelia, pagando la luz y el combustible como si viniera de la Luna con la venia de los sindicatos.

Los mosquitos siempre pican a los plebeyos

Es lo que tiene tener unos geniales gestores, que tanto en verano como en invierno no escatiman en improvisar y achacar las olas de calor y las Filomenas o al cambio climático o a las influencias de Rasputín.

Lo curioso del populismo es que al final las medidas recaen sobre los mismos. Los mosquitos siempre pican a los mismos tipos de plebeyos. El resto son unos privilegiados, como los que sermonean ahorrar en todo lo que se mueva pero ellos mismos malgastan en Falcons, flotas, Super Pumas con el aire puesto, sin derrochar en atención al público, transparencia, ejemplaridad, ni en vacaciones a costa del erario aunque el país esté hecho unos zorros.

Tenemos unos mosquitos que no se cansan de susurrarnos al oído que la “ley está para cumplirse”. Claro que depende de según qué leyes. Porque mucho antes del calor del verano ya había una retahíla de sentencias judiciales ultrajadas con nocturnidad y alevosía que se olvidan porque la temperatura del AC nos marchita la memoria y hace falta incestar con el enemigo dentro de las trincheras.

A ver si llegan las tormentas de verano con agua, mucha agua y nos aclaran las genialidades. Mientras tanto, asfixiados por los incendios, la gota de calor sahariano, las noches tropicales, el malhumor y la tentación de los ventiladores y aires mecanizados. A la obligatoriedad de subir la temperatura del AC, se les ha impuesto a los botigueros y comerciantes instalar puertas correderas para mitigar las fugas del frío a la calle.

Con la ley antitabaco en tiempos de un tal ZP, también obligaron a levantar pantallas de separación en los interiores de locales y a realizar un curioso desembolso que una vez hecho, terminó siendo inútil con la  prohibición final de fumar en los locales. Podrían haberlo pensado mejor antes, pero no. Queda mejor improvisar.

Con el AC pasará tres cuartos de lo mismo. Raro es que a nadie se le haya ocurrido un nuevo impuesto al aire eléctrico. Ya hay sugerencias del ejecutivo muy meditadas para que los bares pongan paneles solares y así ahorren energía en la factura del aire. Como no lo pagan ellos. A, y que apaguen los escaparates, cerremos los grifos al cepillarnos los dientes o nos quitemos la corbata. Más que genialidades legislativas parecen palomas sacadas de la chistera circense. 

Mientras, en ministerios y equipamientos municipales sin predicar con el ejemplo y, cuando entras en algunos de ellos a hacer cola, te ahogas del sofoco veraniego que traes de la calle y el mal genio del funcionario de turno. Si antes algunas de estas entidades públicas abrían los sábados, se han acogido al covid, la filomena, la guerra, la crisis y ahora al calor del verano para dejar de atender en sábado. Que no se diga que los líderes sindicales no trabajan por la reducción encubierta de la jornada laboral. 

En la empresa privada, los mosquitos tienen que trabajar de día y de noche. En la pública, todo parece privilegios aunque sea a costa del populacho. El aire programado eso sí funciona aunque esté vacío de personal. Menudo invento, esto del aire acondicionado. El primero de todos ellos llegó a España en los años treinta y se instaló (¿dónde?) en el Congreso de los Diputados.

Los climatizadores de entonces llevaban unas barras de hielo para refrigerar el ambiente a sus señorías. De lo primitivo pasamos al encendido verano de hora digital pero no menos prehistórico. Porque con tanto incendio y despropósito por la falta de prevención, no me digan que no rayamos ya la prehistoria de los pitecántropos.

Este año en esta serpiente de verano le ha tocado al AC. Porque así no se habla de los verdaderos problemas y del sombrío invierno que nos espera en la economía de guerra más hostigada en generaciones, aunque se disfrace con verbenas y guarismos dialécticos.

El AC si pudieran tendría que apagarse porque consume gas y petróleo comprado paradójicamente al Kremlin mientras renunciamos a potenciar nuestras renovables y el mix energético como hace Europa. Allí cada vez compran menos a Putin y nosotros con podemitas bolcheviques en un ejecutivo de chichinabo (y perdonen mi insolencia) nos obligan a traerlo de Rusia, no se sabe muy bien por qué. 

Y cuando funcione el gaseoducto MidCat a Francia que suministre a media Europa, los nuestros de la ortopedia en el banquillo azul también se volverán a oponer. Porque son los socios del “Niet” permanente a todas las políticas de izquierdas que no salgan de ellos. Lo llaman progresismo.

Pese a todo, no queda claro en toda esa disputa sobre el termostato del AC si pagamos el combustible ruso en rublos o en euros como impide las sanciones internacionales. Pero como somos tan poco transparentes y la oposición está en modo avión, digo vacaciones, por deleitar espichas y espetos, no es objeto de interpelación. Y si preguntas te emplazan a después de los incendios del verano y la serpiente eléctrica.

Mientras tanto, hemos de aguantar los pinchazos de los mosquitos que regatean los AC japoneses hasta Pearl Harbor. Doy fe de que haberlos haylos. Pero ellos a lo suyo. Como el lujo de tener ministros en descanso permanente, refugiados -Dios sabe dónde- de los ataques voladores pero siempre apunto de disparar donde "ayuse" menester.


 

El aire acondicionado, bien vale otro Pearl Harbor
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